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Editorial SAN PABLO
 
La Liturgia Cotidiana

Abril 24, Jueves

Jueves de la Octava de Pascua. Blanco

Antífona de entrada          Sab 10, 20-21

Señor, todos celebraron tu mano protectora; porque tu sabiduría abrió la boca de los mudos y soltó la lengua de los más pequeños. Aleluya.

Oración colecta     

Señor Dios nuestro, que has congregado pueblos diversos en la confesión de tu nombre, concede, a quienes han renacido en el bautismo, una misma fe y una misma caridad en sus obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Hech 3, 11-26

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

Como el paralítico que había sido sanado no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de Salomón. Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: “Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad, que hemos hecho caminar a este hombre? El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Por haber creído en su nombre, ese mismo nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de él, es la que lo ha sanado completamente, como ustedes pueden comprobar. Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes. Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer. Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados. Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes. Él debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas. Moisés, en efecto, dijo: ‘El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga. El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo’. Y todos los profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días. Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: ‘En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades”.

Palabra de Dios.

Comentario

Este discurso, pronunciado en la puerta del Templo ante un auditorio formado por judíos, proclama la obra de salvación realizada en Jesucristo y la presenta como un hecho que proviene de “el Dios de nuestros padres”. Por lo tanto, la resurrección de Jesús no es un acontecimiento inconexo de la historia de salvación, sino el punto culminante del plan de Dios.


Salmo  8, 2a. 5-9

R. ¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! O bien: Aleluya.

Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? R.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor; le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies. R.

Todos los rebaños y ganados, y hasta los animales salvajes; las aves del cielo, los peces del mar y cuanto surca los senderos de las aguas. R.

Aleluya        Sal 117, 24

Aleluya. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. Aleluya.

Evangelio     Lc 24, 35-48

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Los discípulos, que retornaron de Emaús a Jerusalén, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: “¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo”. Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: “¿Tienen aquí algo para comer?”. Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos. Después les dijo: “Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos”. Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: “Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto”.

Palabra del Señor.

Comentario

El Evangelio de Lucas concluye presentándonos por boca de Jesús un resumen de nuestra fe: Jesucristo murió y resucitó para el perdón de los pecados, en cumplimiento de las promesas hechas por Dios en la Sagrada Escritura. A este núcleo del mensaje cristiano, se lo llama kerygma (“anuncio”, en griego) y es el centro de la Buena Noticia que la Iglesia debe seguir anunciando hoy.

Oración sobre las ofrendas        

Recibe con bondad, Señor, este sacrificio que te ofrecemos con gratitud por los nuevos bautizados, mientras imploramos tu ayuda sobre nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        1Ped 2, 9

Ustedes son un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor y Dios nuestro, escucha nuestras oraciones, para que la participación en los sacramentos de nuestra redención nos ayude en la vida presente y nos alcance las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.










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