Facebook Twitter Google + YouTube  Argentina   Argentina 
Editorial SAN PABLO
 
La liturgia cotidiana

La liturgia cotidiana
La Liturgia Cotidiana es una revista mensual que contiene todo lo que la Iglesia conmemora y vive en la Eucaristía: calendario litúrgico, las oraciones de la misa, las lecturas litúrgicas, reflexiones de los textos bíblicos y explicaciones de las fiestas, solemnidades y memorias que se celebran cada día.
Martes 26/07
Miércoles 27/07
Jueves 28/07
Viernes 29/07
Sábado 30/07
Domingo 31/07
Martes 26 de Julio de 2016

Santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María

(MO). Blanco.

Los evangelios canónicos no nos brindan ningún dato sobre los abuelos de Jesús. Si, en cambio, son nombrados en el evangelio apócrifo de Santiago. La tradición cristiana los presenta como dos ancianos estériles, que piden a Dios la gracia de un hijo. En esto, Joaquín y Ana son, como tantas figuras del Antiguo Testamento, modelo de confianza en Dios y muestran que Dios puede obrar allí donde parece imposible. Su fiesta también nos hace tener presente toda la realidad humana de Jesús, que creció en una familia, y que siendo niño recibió el cuidado y la ternura de sus abuelos.

Antífona de entrada          cf. Eclo 44, 1. 25

Alabemos a san Joaquín y santa Ana, porque en su descendencia, el Señor Dios les concedió la bendición para todos los pueblos.

Oración colecta     

Señor, Dios de nuestros padres, tú concediste a san Joaquín y santa Ana la gracia que de ellos naciera María, la madre de tu Hijo encarnado; otórganos, por sus ruegos, alcanzar la salvación prometida a tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Ecli 44, 1. 9-15

Lectura del libro del Eclesiástico.

Elogiemos a los hombres ilustres, a los antepasados de nuestra raza, los hombres de bien, cuyas obras de justicia no han sido olvidadas. Con su descendencia se perpetúa la rica herencia que procede de ellos. Su descendencia fue fiel a las alianzas, y también sus nietos, gracias a ellos. Su descendencia permanecerá para siempre, y su gloria no se extinguirá. Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre sobrevive a través de las generaciones. Los pueblos proclaman su sabiduría, y la asamblea anuncia su alabanza.

Palabra de Dios.

Comentario

La memoria de hoy es una buena ocasión para evocar a los hombres y mujeres ilustres en la fe que nos han precedido. Muy particularmente, si en nuestra familia hay personas que nos iniciaron en el camino de la fe –padres, abuelos–. Demos gracias a Dios por la fecundidad de sus vidas.


Sal 131, 11. 13-14. 17-18

R. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.

El Señor hizo un juramento a David, una firme promesa, de la que no se retractará: “Yo pondré sobre tu trono a uno de tus descendientes”. R.

Porque el Señor eligió a Sión, y la deseó para que fuera su Morada. “Este es mi reposo para siempre; aquí habitaré, porque lo he deseado”. R.

“Allí haré germinar el poder de David: prepararé una lámpara para mi Ungido; cubriré de vergüenza a sus enemigos, y su insignia real florecerá sobre él”. R.

Aleluya        cf. Lc 2, 25

Aleluya. Esperaban el consuelo de Israel, y el Espíritu Santo estaba en ellos. Aleluya.

Evangelio     Mt 13, 16-17

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús dijo a sus discípulos: “Felices los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

Palabra del Señor.

Comentario

Joaquín y Ana confiaban en las promesas de Dios y vieron al Salvador. ¡Dichosos sus ojos! Y dichosos nosotros también, porque sabemos muy bien que no basta con mirar para ver las maravillas de Dios. De hecho, muchos vieron a Jesús con sus ojos y no reconocieron en él al Salvador. Sólo los ojos de la fe nos dan la posibilidad de encontrar los signos de Dios en las cosas que vemos todos los días.


O bien: Lecturas de la Feria

Lectura        Jer 14, 17-22

Lectura del libro de Jeremías.

Que mis ojos se deshagan en lágrimas, día y noche, sin cesar, porque la virgen hija de mi pueblo ha sufrido un gran quebranto, una llaga incurable. Si salgo al campo abierto, veo las víctimas de la espada; si entro en la ciudad, veo los sufrimientos del hambre. Sí, hasta el profeta y el sacerdote recorren el país y no logran comprender. ¿Has rechazado del todo a Judá? ¿Estás disgustado con Sión? ¿Por qué nos has herido sin remedio? Se esperaba la paz, ¡y no hay nada bueno...! El tiempo de la curación, ¡y sobrevino el espanto! Reconocemos, Señor, nuestra maldad, la iniquidad de nuestros padres, porque hemos pecado contra ti. A causa de tu Nombre, no desprecies, no envilezcas el trono de tu Gloria: ¡Acuérdate, no rompas tu Alianza con nosotros! Entre los ídolos de las naciones, ¿hay alguien que haga llover? ¿Es el cielo el que envía los chaparrones? ¿No eres tú, Señor, nuestro Dios? Nosotros esperamos en ti, porque eres tú el que has hecho todo esto.

Palabra de Dios.

Comentario

Un pueblo arrepentido reconoce las consecuencias de su pecado. La infidelidad a Dios y los atropellos a los pobres han traído desolación, violencia y dolor. En esta angustiosa situación el pueblo vuelve a mirar a Dios. Y vuelve a confiar en él, y en el gran poder de su misericordia.


Sal 78, 8-9. 11. 13

R. ¡Por el honor de tu Nombre, líbranos Señor!

No recuerdes para nuestro mal las culpas de otros tiempos; compadécete pronto de nosotros, porque estamos totalmente abatidos. R.

Ayúdanos, Dios salvador nuestro, por el honor de tu Nombre; líbranos y perdona nuestros pecados, a causa de tu Nombre. R.

Llegue hasta tu presencia el lamento de los cautivos, preserva con tu brazo poderoso a los que están condenados a muerte. R.

Y nosotros, que somos tu pueblo y las ovejas de tu rebaño, te daremos gracias para siempre, y cantaremos tus alabanzas por todas las generaciones. R.

Aleluya   

Aleluya. La semilla es la Palabra de Dios, el sembrador es Cristo; el que lo encuentra permanece para siempre. Aleluya.

Evangelio     Mt 13, 36-43

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña en el campo”. Él les respondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y éstos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!”.

Palabra del Señor.

Comentario

Esta parábola nos habla de la paciencia y la misericordia de Dios. Él no arranca la cizaña apenas aparece, porque da tiempo al pecador para la conversión. Sólo al final, en el momento del juicio, quedará sellada la verdadera condición de cada cual.

Oración sobre las ofrendas        

Recibe, Señor, los dones que te presentamos y concédenos participar de la bendición prometida a Abraham y a su descendencia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        cf. Sal 23, 5

Recibieron la bendición del Señor, y la misericordia de Dios, su salvador.

Oración después de la comunión

Dios y Padre, tú has querido que tu Hijo unigénito se hiciera hombre en la tierra para que, por este admirable misterio, los hombres renacieran de ti; te pedimos que seamos santificados con el espíritu de adopción quienes fuimos alimentados con el pan de los hijos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles 27 de Julio de 2016

De la feria

Verde.

Antífona de entrada          cf. Sal 67, 6-7. 36

Dios habita en su santa morada. Él congrega en su casa a los dispersos. Él dará poder y fortaleza a su pueblo.

Oración colecta     

Dios nuestro, protector de los que esperan en ti, fuera de quien nada tiene valor ni santidad; acrecienta sobre nosotros tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, usemos los bienes pasajeros de tal modo que ya desde ahora podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Jer 15, 10. 16-21

Lectura del libro de Jeremías.

¡Qué desgracia, madre mía, que me hayas dado a luz, a mí, un hombre discutido y controvertido por todo el país! Yo no di ni recibí nada prestado, pero todos me maldicen. Cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo soy llamado con tu Nombre, Señor, Dios de los ejércitos. Yo no me senté a disfrutar en la reunión de los que se divierten; forzado por tu mano, me mantuve apartado, porque tú me habías llenado de indignación. ¿Por qué es incesante mi dolor, por qué mi llaga es incurable, se resiste a sanar? ¿Serás para mí como un arroyo engañoso, de aguas inconstantes? Por eso, así habla el Señor: “Si tú vuelves, yo te haré volver, tú estarás de pie delante de mí, si separas lo precioso de la escoria, tú serás mi portavoz. Ellos se volverán hacia ti, pero tú no te volverás hacia ellos. Yo te pondré frente a este pueblo como una muralla de bronce inexpugnable. Te combatirán, pero no podrán contra ti, porque yo estoy contigo para salvarte y librarte –oráculo del Señor–. Yo te libraré de la mano de los malvados y te rescataré del poder de los violentos”.

Palabra de Dios.

Comentario

El profeta sufre la soledad de quien permanece unido a Dios en un ambiente que se ha vuelto infiel. El profeta conoce, íntimamente, la fuerza y el dramatismo de la pasión que siente por Dios. A pesar de todas las dificultades, no puede dejar de devorar esa palabra de Dios que llena su vida y le exige salir a predicar.


Sal 58, 2-4. 10-11. 17-18

R. ¡Tú eres mi refugio en el peligro, Señor!

Líbrame de mis enemigos, Dios mío, defiéndeme de los que se levantan contra mí; líbrame de los que hacen el mal y sálvame de los hombres sanguinarios. R.

Mira cómo me están acechando: los poderosos se conjuran contra mí; sin rebeldía ni pecado de mi parte, Señor. R.

Yo miro hacia ti, fuerza mía, porque Dios es mi baluarte; él vendrá a mi encuentro con su gracia y me hará ver la derrota de mis enemigos. R.

Yo cantaré tu poder, y celebraré tu amor de madrugada, porque tú has sido mi fortaleza y mi refugio en el peligro. R.

¡Yo te cantaré, fuerza mía, porque tú eres mi baluarte, mi refugio en el peligro, Dios de misericordia! R.

Aleluya        Jn 15, 15

Aleluya. “Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Mt 13, 44-46

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús dijo a la multitud: El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

Palabra del Señor.

Comentario

Sólo el Reino de Dios puede dar sentido a todas nuestras acciones y nuestros afanes. Sólo por el Reino de Dios vale la pena andar, trabajar, sufrir. Qué alegría si tuviéramos la certeza de los personajes de estas dos breves parábolas y fuéramos capaces de unificar toda nuestra vida por el Reino.

Oración sobre las ofrendas        

Acepta, Padre, estos dones recibidos de tu generosidad, y, por la acción poderosa de tu gracia, haz que estos sagrados misterios santifiquen nuestra vida presente y nos conduzcan a los gozos eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Sal 102, 2

Bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios.

o bien:          Mt 5, 7-8

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Oración después de la comunión

Te pedimos, Padre, que alimentados con este sacramento divino, memorial perpetuo de la Pasión de tu Hijo, este don de su amor inefable nos conduzca a la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

123
Jueves 28 de Julio de 2016

De la feria

Verde.


Antífona de entrada          cf. Sal 67, 6-7. 36

Dios habita en su santa morada. Él congrega en su casa a los dispersos. Él dará poder y fortaleza a su pueblo.

Oración colecta     

Dios nuestro, protector de los que esperan en ti, fuera de quien nada tiene valor ni santidad; acrecienta sobre nosotros tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, usemos los bienes pasajeros de tal modo que ya desde ahora podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Jer 18, 1-6

Lectura del libro de Jeremías.

Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos: “Baja ahora mismo al taller del alfarero, y allí te haré oír mis palabras”. Yo bajé al taller del alfarero, mientras él trabajaba en el torno. Y cuando la vasija que estaba haciendo le salía mal, como suele pasar con la arcilla en manos del alfarero, él volvía a hacer otra, según le parecía mejor. Entonces la palabra del Señor me llegó en estos términos: “¿No puedo yo tratarlos a ustedes, casa de Israel, como ese alfarero? –oráculo del Señor–. Sí, como la arcilla en la mano del alfarero, así están ustedes en mi mano, casa de Israel”.

Palabra de Dios.

Comentario

Como hizo en el primer día del mundo, amasando el polvo de la tierra, así está Dios modelando nuestra vida. Dejemos que su ingenio y su trabajo se hagan realidad en nuestra existencia. Dejemos que nos vaya dando forma, la mejor, la que él diseñó para nosotros.


Sal 145, 1b-6b

R. ¡Feliz el que se apoya en el Señor!

¡Alaba al Señor, alma mía! Alabaré al Señor toda mi vida; mientras yo exista, cantaré al Señor. R.

No confíen en los poderosos, en simples mortales, que no pueden salvar: cuando expiran, vuelven al polvo, y entonces se esfuman sus proyectos. R.

Feliz el que se apoya en el Dios de Jacob y pone su esperanza en el Señor, su Dios: Él hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. R.

Aleluya        cf. Hech 16, 14

Aleluya. Señor, toca nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. Aleluya.

Evangelio     Mt 13, 47-53

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los Cielos se parece a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?”. “Sí”, le respondieron. Entonces agregó: “Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo”.

Palabra del Señor.

Comentario

La parábola de la red, igual que la de la cizaña, nos trae la imagen del juicio final. A veces creemos que somos los únicos “buenos” y reclamamos a Dios que castigue a los pecadores. La parábola nos presenta la red como este espacio que está lleno de toda clase de peces. Sólo al final Dios hará la separación definitiva entre el bien y el mal. Porque ante Dios el mal no podrá subsistir.

Oración sobre las ofrendas        

Acepta, Padre, estos dones recibidos de tu generosidad, y, por la acción poderosa de tu gracia, haz que estos sagrados misterios santifiquen nuestra vida presente y nos conduzcan a los gozos eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Sal 102, 2

Bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios.

O bien:          Mt 5, 7-8

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Oración después de la comunión

Te pedimos, Padre, que alimentados con este sacramento divino, memorial perpetuo de la Pasión de tu Hijo, este don de su amor inefable nos conduzca a la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes 29 de Julio de 2016

Santa Marta
(MO). Blanco.

Marta era hermana de María y de Lázaro y vivía en Betania, pequeña población distante unos cuatro kilómetros de Jerusalén, en las cercanías del Monte de los Olivos. El evangelio la muestra siempre “sirviendo a la mesa”, es decir, en la actitud de discípula servidora. Ella formó parte del grupo de discípulas de Jesús. Santa Marta es la patrona de los hoteleros, de las amas de casa y de las mujeres que trabajan en el servicio doméstico.

Antífona de entrada          cf. Lc 10, 38

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.

Oración colecta     

Dios todopoderoso y eterno, cuyo Hijo aceptó hospedarse en la casa de santa Marta; concédenos, por su intercesión, que sirviendo fielmente a Cristo en nuestros hermanos, podamos ser recibidos por ti en la morada eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

Lectura        1Jn 4, 7-16

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos vida por medio de él. Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Queridos hermanos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. La señal de que permanecemos en él y él permanece en nosotros es que nos ha comunicado su Espíritu. Y nosotros hemos visto y atestiguamos que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo. El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios permanece en él. Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.

Palabra de Dios.

Comentario

“Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Benedicto XVI, Dios es amor, nro. 1).


Sal 33, 2-11

R. Bendeciré al Señor en todo tiempo.

O bien: ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su nombre todos juntos. Busqué al Señor: Él me respondió y me libró de todos mis temores. R.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El Ángel del Señor acampa en torno de sus fieles y los libra. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! ¡Felices los que en él se refugian! R.

Teman al Señor, todos sus santos, porque nada faltará a los que le temen. Los ricos se empobrecen y sufren hambre, pero los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

Aleluya        Jn 8, 12

Aleluya. Dice el Señor: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz de la vida”. Aleluya.

Evangelio     Jn 11, 19-27

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?”. Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”.

Palabra del Señor.

Comentario

Marta y María tenían un trato cercano y amistoso con Jesús. Marta le presenta su situación con toda franqueza, parece que casi como en un reproche. Su sinceridad ante Jesús obtiene la gran revelación. A ella le comunica Jesús la promesa de Vida Eterna. Y Marta responde profesando su fe. Sí, ella cree que Jesús es el Mesías.

Oración sobre las ofrendas        

Señor nuestro, te proclamamos admirable en la conmemoración de santa Marta, y te pedimos humildemente que aceptes esta liturgia que celebramos, como fue de tu agrado su servicio de caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Jn 11, 27

Marta dijo a Jesús: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que viniste a este mundo”.

Oración después de la comunión

Por la comunión del Cuerpo y Sangre de tu Hijo único, líbranos, Padre, de la seducción de las cosas transitorias, para que, a ejemplo de santa Marta, se acreciente nuestra caridad en la tierra y podamos gozar de la gloria eterna en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado 30 de Julio de 2016

Misa a elección:

Feria. Verde.
San Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia. (ML). Blanco.

Pedro nació en la ciudad de Imola (Ravena, Italia) hacia el año 380. Por su capacidad y oratoria recibió el apelativo de “crisólogo”, es decir, “palabra de oro”, por la fuerza con que predicaba contra las doctrinas heréticas de ese tiempo. Debió combatir especialmente el monofisismo, doctrina que consideraba que en Cristo solo existía la naturaleza divina y negaba su verdadera condición humana. Murió en su ciudad natal, el 31 de julio del año 451.

Antífona de entrada          cf. Sal 67, 6-7. 36

Dios habita en su santa morada. Él congrega en su casa a los dispersos. Él dará poder y fortaleza a su pueblo.

Oración colecta     

Dios nuestro, protector de los que esperan en ti, fuera de quien nada tiene valor ni santidad; acrecienta sobre nosotros tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, usemos los bienes pasajeros de tal modo que ya desde ahora podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:         de san Pedro Crisólogo

Dios nuestro, que hiciste del obispo san Pedro Crisólogo un insigne predicador de tu Verbo encarnado; concédenos, por su intercesión, la gracia de meditar siempre en nuestros corazones los misterios de tu salvación y manifestarlos fielmente en nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Lectura        Jer 26, 11-15. 24

Lectura del libro de Jeremías.

Los sacerdotes y los profetas dijeron a los jefes y a todo el pueblo: “Jeremías es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como ustedes lo han escuchado con sus propios oídos”. Pero Jeremías dijo a los jefes y a todo el pueblo: “El Señor es el que me envió a profetizar contra esta Casa y contra esta ciudad todas las palabras que ustedes han oído. Y ahora, enmienden su conducta y sus acciones, y escuchen la voz del Señor, su Dios, y el Señor se arrepentirá del mal con que los ha amenazado. En cuanto a mí, hagan conmigo lo que les parezca bueno y justo. Pero sepan que si ustedes me hacen morir, arrojan sangre inocente sobre ustedes mismos, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque verdaderamente el Señor me ha enviado a ustedes para decirles todas estas palabras”. Ajicám, hijo de Safán, protegió a Jeremías e impidió que fuera entregado en manos del pueblo para ser ejecutado.

Palabra de Dios.

Comentario

Hay ocasiones en las que el profeta aparece como un aguafiestas. Los pecadores no quieren escuchar ninguna amonestación, y quienes viven despreocupados no quieren oír advertencias. En ese contexto hostil, el profeta sigue adelante con su misión de arrancar y plantar para que el pueblo sea esa comunidad fiel que Dios quiere.


Sal 68, 15-16. 30-31; 33-34

R. ¡Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor!

Sácame del lodo para que no me hunda, líbrame de los que me odian y de las aguas profundas; que no me arrastre la corriente, que no me trague el abismo, que el pozo no se cierre sobre mí. R.

Yo soy un pobre desdichado, Dios mío, que tu ayuda me proteja: así alabaré con cantos el nombre de Dios, y proclamaré su grandeza dando gracias. R.

Que lo vean los humildes y se alegren, que vivan los que buscan al Señor: porque el Señor escucha a los pobres y no desprecia a sus cautivos. R.

Aleluya        Mt 5, 10

Aleluya. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Aleluya.

Evangelio     Mt 14, 1-12

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

La fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes, y él dijo a sus allegados: “Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos”. Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: “No te es lícito tenerla”. Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta. El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, su hija, también llamada Herodías, bailó en público, y le agradó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle lo que pidiera. Instigada por su madre, ella dijo: “Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista”. El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y ésta la presentó a su madre. Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

Palabra del Señor.

Comentario

Herodes estaba asombrado por la obra de Jesús. Y relacionaba esta predicación con la que antes había hecho Juan Bautista. Herodes había reconocido que tanto en Jesús como en Juan había algo que no era meramente humano. Pero no pudo sostener con sus actos la consideración que tenía hacia estos profetas. Herodes, aunque se contaba entre los poderosos de aquel tiempo, en realidad era un hombre débil, que se dejó manipular por su entorno y tuvo miedo del “qué dirán”.

Oración sobre las ofrendas        

Acepta, Padre, estos dones recibidos de tu generosidad, y, por la acción poderosa de tu gracia, haz que estos sagrados misterios santifiquen nuestra vida presente y nos conduzcan a los gozos eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Mt 5, 7-8

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Oración después de la comunión

Te pedimos, Padre, que alimentados con este sacramento divino, memorial perpetuo de la Pasión de tu Hijo, este don de su amor inefable nos conduzca a la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Domingo 31 de Julio de 2016

18º Domingo durante el año

Verde.


Semana 2ª del Salterio.

Antífona de entrada          cf. Sal 69, 2. 6

Líbrame, Dios mío. Señor, ven pronto a socorrerme. Tú eres mi ayuda y mi libertador; no tardes, Señor.

Oración colecta     

Derrama, Padre, tu misericordia sobre tu pueblo suplicante, y ya que nos gloriamos de tenerte por Creador y Señor, renueva en nosotros tu gracia y consérvala en tu bondad. Por nuestro Señor Jesucristo...

1ª Lectura    Ecl 1, 2; 2, 21-23

Lectura del libro del Eclesiastés.

¡Vanidad, pura vanidad!, dice el sabio Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! Porque un hombre que ha trabajado con sabiduría, con ciencia y eficacia, tiene que dejar su parte a otro que no hizo ningún esfuerzo. También esto es vanidad y una grave desgracia. ¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo y todo lo que busca afanosamente bajo el sol? Porque todos sus días son penosos, y su ocupación, un sufrimiento; ni siquiera de noche descansa su corazón. También esto es vanidad.

Palabra de Dios.

Comentario

El sabio llama vanidad a aquello que es ilusorio y que, por lo tanto, al final trae decepción. Su reflexión nos ayuda a discernir sobre nuestros trabajos y fatigas. ¿Qué objetivo perseguimos con ellos? Estas palabras nos hablan de la ambición mal encaminada, y quedan representadas con un ejemplo concreto en la parábola que narra Jesús.


Sal 89, 3-6. 12-14. 17

R. Señor, tú has sido nuestro refugio.

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, con sólo decirles: “Vuelvan, seres humanos”. Porque mil años son ante tus ojos como el día de ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche. R.

Tú los arrebatas, y son como un sueño, como la hierba que brota de mañana: por la mañana brota y florece, y por la tarde se seca y se marchita. R.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría. ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...? Ten compasión de tus servidores. R.

Sácianos en seguida con tu amor, y cantaremos felices toda nuestra vida. Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor; que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos. R.

2ª Lectura    Col 3, 1-5. 9-11

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas.

Hermanos: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es la esperanza de ustedes, entonces también aparecerán ustedes con él, llenos de gloria. Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría. Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador. Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos.

Palabra de Dios.

Comentario

Cristo renueva nuestro ser. Nos hace hombres y mujeres nuevos, viviendo en la gracia. Si esta gracia divina nos inunda, ya no queda lugar para el pecado.


Aleluya        Mt 5, 3

Aleluya. Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Aleluya.

Evangelio     Lc 12, 13-21

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Uno de la multitud dijo al Señor: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Jesús le respondió: “Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?”. Después les dijo: “Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”. Les dijo entonces una parábola: “Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha”. Después pensó: “Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”. Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?”. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios”.

Palabra del Señor.

Comentario

“El mensaje de la parábola está centrado en la frase: Necio, lo que has acumulado, ¿de quién será? El pasaje nos invita a confiar en Dios, nuestro Padre. El hombre ni siquiera puede asegurar completamente sus bienes. Por eso, su verdadera seguridad es la de sentirse en manos de Dios. El auténtico tesoro del hombre debe estar en el cielo y no en los bienes de la tierra. Estos deben estar al servicio de quien los necesita. De este modo hay que entender, también, la limosna y la caridad” (comentario de la Biblia de la Conf. Episcopal Española).

Oración sobre las ofrendas        

Santifica los dones que te presentamos, Señor, y, al aceptar este sacrificio espiritual, conviértenos en ofrenda eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Sab 16, 20

Nos diste, Señor, el pan del cielo, que tiene un sabor incomparable; satisface todos los gustos.

O bien:         cf. Jn 6,35

Dice el Señor: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre, y el que cree en mí jamás tendrá sed”.

Oración después de la comunión

Acompaña y protege siempre, Señor, a quienes has renovado con este don celestial, y ya que nos reconfortas constantemente concédenos participar de la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Liturgia


Aplicaciones móviles