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Editorial SAN PABLO
 
La liturgia cotidiana

La liturgia cotidiana
La Liturgia Cotidiana es una revista mensual que contiene todo lo que la Iglesia conmemora y vive en la Eucaristía: calendario litúrgico, las oraciones de la misa, las lecturas litúrgicas, reflexiones de los textos bíblicos y explicaciones de las fiestas, solemnidades y memorias que se celebran cada día.
Lunes 29/05
Martes 30/05
Miércoles 31/05
Jueves 01/06
Viernes 02/06
Sábado 03/06
Lunes 29 de Mayo de 2017


VII de Pascua

Blanco.


Antífona de entrada         Hech 1, 8

Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos hasta los confines de la tierra. Aleluya.

Oración colecta    

Señor Dios, derrama sobre nosotros la fuerza del Espíritu Santo, para que cumplamos fielmente tu voluntad y, con nuestras obras, demos siempre testimonio de ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Hech 19, 1-8

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

Mientras Apolo permanecía en Corinto, Pablo atravesando la región interior, llegó a Éfeso. Allí encontró a algunos discípulos y les preguntó: “Cuando ustedes abrazaron la fe, ¿recibieron el Espíritu Santo?”. Ellos le dijeron: “Ni siquiera hemos oído decir que hay un Espíritu Santo”. “Entonces, ¿qué bautismo recibieron?”, les preguntó Pablo. “El de Juan Bautista”, respondieron. Pablo les dijo: “Juan bautizaba con el bautismo de penitencia, diciendo al pueblo que creyera en el que vendría después de él, es decir, en Jesús”. Al oír estas palabras, ellos se hicieron bautizar en el Nombre del Señor Jesús. Pablo les impuso las manos, y descendió sobre ellos el Espíritu Santo. Entonces comenzaron a hablar en distintas lenguas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres. Pablo fue luego a la sinagoga y durante tres meses predicó abiertamente, hablando sobre el Reino de Dios y tratando de persuadir a los oyentes.

Palabra de Dios.

Comentario

Es muy importante que descubramos que el cristianismo ha hecho procesos en el conocimiento de su fe, porque no ha tenido jamás un “manual” o directivas concretas y claras. De aquí que podamos comprender que los cristianos de este episodio del libro de los Hechos de los apóstoles, no hagan el mismo camino que hoy hacemos nosotros.


Sal 67, 2-7

R. ¡Pueblos de la tierra, canten al Señor!

¡Se alza el Señor! Sus enemigos se dispersan y sus adversarios huyen delante de él. Tú los disipas como se disipa el humo; como se derrite la cera ante el fuego, así desaparecen los impíos delante del Señor. R.

Los justos se regocijan, gritan de gozo delante del Señor y se llenan de alegría. ¡Canten al Señor, entonen un himno a su Nombre! Su Nombre es “el Señor”. R.

El Señor en su santa Morada es padre de los huérfanos y defensor de las viudas: Él instala en un hogar a los solitarios y hace salir con felicidad a los cautivos. R.

Aleluya        Col 3, 1

Aleluya. Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Aleluya.

Evangelio     Jn 16, 29-33

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, los discípulos le dijeron a Jesús: “Por fin hablas claro y sin parábolas. Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios”. Jesús les respondió: “¿Ahora creen? Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: Yo he vencido al mundo”.

Palabra del Señor.

Comentario

El diálogo denota una gran sinceridad de parte de los discípulos. Ahora ellos puede dar fe de que comprenden un poco más al Señor. Su camino está avanzando, y quedarán aún muchas otras cosas hasta llegar a la paz plena.

Oración sobre las ofrendas       

Te pedimos, Señor, que este santo sacrificio nos purifique e infunda en nosotros la fuerza de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona      cf. Jn 14, 18; 16, 22

Dice el Señor: “No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes, y se alegrará su corazón”. Aleluya.

Oración después de la comunión

Padre, ayuda con bondad a tu pueblo, que has alimentado con los sacramentos celestiales; concédele apartarse del pecado y comenzar una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes 30 de Mayo de 2017


VII de Pascua

Blanco.


Antífona de entrada         Apoc 1, 17-18

Yo soy el primero y el último, el viviente. Estuve muerto pero ahora vivo para siempre. Aleluya.

Oración colecta    

Dios omnipotente y misericordioso, te pedimos que, al venir el Espíritu Santo, se digne habitar en nosotros y nos convierta en templos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Hech 20, 17-27

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

Pablo, desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando estos llegaron, Pablo les dijo: “Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que puse el pie en la provincia de Asia. He servido al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas, en medio de las pruebas a que fui sometido por las insidias de los judíos. Ustedes saben que no he omitido nada que pudiera serles útil; les prediqué y les enseñé tanto en público como en privado, instando a judíos y a paganos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús. Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí. Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan. Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la buena noticia de la gracia de Dios. Y ahora sé que ustedes, entre quienes pasé predicando el reino, no volverán a verme. Por eso hoy declaro delante de todos que no tengo nada que reprocharme respecto de ustedes. Porque no hemos omitido nada para anunciarles plenamente los designios de Dios”.

Palabra de Dios.

Comentario

San Pablo parece estar dando un testamento, unas palabras póstumas. Ellas no denotan desilusión ni desesperanza. Él sabe que Dios lo ha elegido para este momento y, por eso, ha entregado su vida.


Sal 67, 10-11. 20-21

R. ¡Pueblos de la tierra, canten al Señor!

Tú derramaste una lluvia generosa, Señor: tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste; allí se estableció tu familia, y tú, Señor, la afianzarás por tu bondad para con el pobre. R.

¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación! Él carga con nosotros día tras día; él es el Dios que nos salva y nos hace escapar de la muerte. R.

Aleluya        Jn 14, 16

Aleluya. Yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito, para que esté siempre con ustedes. Aleluya.

Evangelio     Jn 17, 1-11

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, orando así: “Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera. Manifesté tu nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti”.

Palabra del Señor.

Comentario

En varias oportunidades en el Evangelio de Juan, Jesús habla de “la hora”. Nos dice que está aún no ha llegado, o que ya estamos en ella. La “hora” es el tiempo de la salvación, de la Pascua de Jesús, de la liberación definitiva y del triunfo de Dios sobre el mal.

Oración sobre las ofrendas       

Recibe, Señor, las oraciones de tus fieles junto con estas ofrendas; haz que esta eucaristía, celebrada con amor, nos lleve a la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      cf. Jn 14, 26

Dice el Señor: “El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho”. Aleluya.

Oración después de la comunión

Después de haber recibido los dones pascuales te pedimos humildemente, Señor, que la Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar en su memoria aumente la caridad en todos nosotros. El que vive y reina por los siglos de los siglos.

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Miércoles 31 de Mayo de 2017

Visitación de la Virgen María

(F). Blanco.


Recordamos hoy el día en que María, ya embarazada de Jesús, fue hasta la casa de su pariente Isabel. Por medio de la Virgen, Jesús entró en esa casa de las montañas de Judea llevando la alegría de la salvación. Hoy es un buen día para rezar por todas las misioneras que van llevando la imagen de la Virgen María a las casas, y posibilitan con ello que Jesús entre en muchos hogares.

Antífona de entrada         cf. Sal 65, 16

Vengan y escuchen los que temen al Señor, yo les contaré lo que el Señor hizo por mí.

Oración colecta    

Dios todopoderoso y eterno, que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a Isabel, concédenos que, dóciles al Espíritu Santo, podamos proclamar siempre con ella tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

1ª Lectura    Sof 3, 14-18

Lectura de la profecía de Sofonías.

¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal. Aquel día, se dirá a Jerusalén: ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos! ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! Él exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta. Yo aparté de ti la desgracia, para que no cargues más con el oprobio.

Palabra de Dios.


O bien:         Rom 12, 9-16b

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

Hermanos: Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien. Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos. Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Señor. Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración. Consideren como propias las necesidades de los santos y practiquen generosamente la hospitalidad. Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca. Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes.

Palabra de Dios.

Comentario

Como un anticipo de lo que dirá san Pablo más tarde, Isabel recibe a María en su casa. La fiesta de la visitación relata un encuentro entre dos servidoras.


(Sal) Is 12, 2-3. 4-6

R. ¡Es grande en medio de ti el Santo de Israel!

Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. Sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. R.

Den gracias al Señor, invoquen su nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su nombre. R.

Canten al Señor, porque ha hecho algo grandioso: ¡Que sea, conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R.

Aleluya        cf. Lc 1, 45

Aleluya. Feliz de ti, Virgen María, por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor. Aleluya.

Evangelio     Lc 1, 39-56

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”. María dijo entonces: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas. Su nombre es santo, y su misericordia se extiende de generación en generación sobre los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó del trono a los poderosos, y elevó a los humildes, colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abraham y de su descendencia para siempre”. María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor.

Comentario

La presencia de Jesús en el vientre de María es el preludio del camino hacia la paz y la alegría. Así ocurre en cada uno de nosotros cuando vivimos la Palabra de Dios en verdad en nuestro corazón y llevamos el amor de Dios a nuestros hermanos.

Oración sobre las ofrendas       

Señor nuestro, recibe con agrado este sacrificio de salvación que te ofrecemos, así como aceptaste el servicio de caridad de la Madre de tu Hijo unigénito. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Antífona      Lc 1, 48-49

Todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: su nombre es santo.

Oración después de la comunión

Dios nuestro, concede a tu Iglesia proclamar tu grandeza, pues hiciste grandes cosas en tus fieles; y te pedimos que tu pueblo sepa encontrar, en este sacramento, al mismo Cristo viviente, cuya presencia Juan Bautista presintió con alegría. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Jueves 01 de Junio de 2017

San Justino, mártir

(MO). Rojo.


(Día internacional de la infancia).


Justino nació en los primeros años del siglo II. De familia pagana, frecuentó las escuelas de filosofía de los estoicos, peripatéticos y pitagóricos. Convertido al cristianismo, usó sus conocimientos para exponer contenidos cristianos en términos filosóficos. Su pensamiento quedó escrito en dos apologías y el Diálogo con Trifón, que, además de su valor teológico y filosófico, son excelentes fuentes parar conocer las prácticas litúrgicas del cristianismo primitivo.

Antífona de entrada         cf. Sal 118, 85.46

Los malvados dijeron cosas vanas de mí, ignorando tu ley; pero yo daba testimonio de ti delante de los reyes, y no me avergonzaba. Aleluya.

Oración colecta    

Dios todopoderoso, que enseñaste al mártir san Justino la ciencia incomparable de Jesucristo, por la locura de la cruz, concédenos por su intercesión que, rechazando los engaños del error, obtengamos la firmeza de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo...

Lectura        Hech 22, 30; 23, 6-11

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

Queriendo saber con exactitud de qué acusaban los judíos a Pablo, el tribuno mandó quitarle las cadenas, y convocando a los sumos sacerdotes y a todo el Sanedrín, hizo comparecer a Pablo delante de ellos. Pablo, sabiendo que había dos partidos, el de los saduceos y el de los fariseos, exclamó en medio del Sanedrín: “Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos, y ahora me están juzgando a causa de nuestra esperanza en la resurrección de los muertos”. Apenas pronunció estas palabras, surgió una disputa entre fariseos y saduceos, y la asamblea se dividió. Porque los saduceos niegan la resurrección y la existencia de los ángeles y de los espíritus; los fariseos, por el contrario, admiten una y otra cosa. Se produjo un griterío, y algunos escribas del partido de los fariseos se pusieron de pie y protestaron enérgicamente: “Nosotros no encontramos nada de malo en este hombre. ¿Y si le hubiera hablado algún espíritu o un ángel...?”. Como la disputa se hacía cada vez más violenta, el tribuno, temiendo por la integridad de Pablo, mandó descender a los soldados para que lo sacaran de allí y lo llevaran de nuevo a la fortaleza. A la noche siguiente, el Señor se apareció a Pablo y le dijo: “Ánimo, así como has dado testimonio de mí en Jerusalén, también tendrás que darlo en Roma”.

Palabra de Dios.

Comentario

No damos testimonio de Jesús donde nos gusta o nos sentimos cómodos. San Pablo tuvo que enfrentar a las autoridades de su pueblo, y eso no era grato; fue amenazado y perseguido, y eso no le daba seguridad. El testimonio incluye asumir la inseguridad y muchas veces el desprecio y desagrado de quienes no aceptan el mensaje de Jesús.


Sal 15, 1-2. 5. 7-11

R. ¡Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti!

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. Yo digo al Señor: “Señor, tú eres mi bien”. El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! R.

Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás a la muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. R.

Aleluya        Jn 17, 21

Aleluya. “Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que el mundo crea que tú me enviaste”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Jn 17, 20-26

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo: “Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno –yo en ellos y tú en mí– para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que los has amado a ellos como me amaste a mí. Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. Les di a conocer tu nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos”.

Palabra del Señor.


Comentario

Desde esta oración de Jesús, todos nos comprometemos a la comunión y la unidad. No podemos considerar nuestra fe y nuestros proyectos que llamamos cristianos si no lo hacemos desde la unidad, por la cual el Señor oró.

Oración sobre las ofrendas       

Concédenos, Señor, celebrar dignamente estos misterios que con tanta valentía defendió san Justino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      cf. 1Cor 2, 2

No quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te pedimos, Padre, por este alimento celestial recibido, que, siguiendo las enseñanzas de san Justino, vivamos en continua acción de gracias. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes 02 de Junio de 2017


VII de Pascua. Blanco.
Santos Marcelino y Pedro, mártires. (ML). Rojo.


Marcelino y Pedro vivieron en la época de las persecuciones del emperador Diocleciano. Condenados por ser cristianos, se los obligó a cavar su propia tumba y luego fueron ejecutados por decapitación en el año 304. Muy pronto se los comenzó a venerar como mártires, y santa Elena, la madre de Constantino, hizo edificar una iglesia en la catacumba de la Vía Labicana (Roma, Italia), donde se hallaban sus restos.

Antífona de entrada         Apoc 1, 5-6

Cristo nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un reino sacerdotal para Dios, su Padre. Aleluya.

Oración colecta    

Dios nuestro, que por la glorificación de tu Hijo y la venida del Espíritu Santo nos abriste las puertas de la vida eterna; al participar de un don tan grande, concédenos que se acreciente nuestra entrega a tu servicio y que vivamos con plenitud las riquezas de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:         de los Stos. Marcelino y Pedro

Dios, que nos asistes y proteges por el glorioso combate de los santos mártires Marcelino y Pedro, concédenos beneficiarnos con sus ejemplos y experimentar el apoyo de su intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo…

Lectura        Hech 25, 13-21

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

El rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea y fueron a saludar a Festo. Como ellos permanecieron varios días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: “Félix ha dejado a un prisionero, y durante mi estadía en Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos de los judíos, presentaron quejas pidiendo su condena. Yo les respondí que los romanos no tienen la costumbre de entregar a un hombre antes de enfrentarlo con sus acusadores y darle la oportunidad de defenderse. Ellos vinieron aquí, y sin ninguna demora, me senté en el tribunal e hice comparecer a ese hombre al día siguiente. Pero cuando se presentaron los acusadores, éstos no alegaron contra él ninguno de los cargos que yo sospechaba. Lo que había entre ellos eran no sé qué discusiones sobre su religión, y sobre un tal Jesús que murió y que Pablo asegura que vive. No sabiendo bien qué partido tomar en un asunto de esta índole le pregunté a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí. Pero como éste apeló al juicio de su majestad imperial, yo ordené que lo dejaran bajo custodia hasta que lo enviara al emperador”.

Palabra de Dios.

Comentario

Festo aparece como un fiel cumplidor de los procedimientos legales. Hoy diríamos que se ajusta al derecho. Sin embargo, no parece preocuparle la inocencia del apóstol o la verdad que hay en sus declaraciones. Entonces, no lleva a cabo un juicio justo.


Sal 102, 1-2. 11-12. 19-20

R. ¡El Señor tiene su trono en el cielo!

Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R.

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen; cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados. R.

El Señor puso su trono en el cielo, y su realeza gobierna el universo. ¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles, los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes! R.

Aleluya        Jn 14, 26

Aleluya. El Espíritu Santo les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho. Aleluya.

Evangelio     Jn 21, 15-19

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Después de la aparición a la orilla del lago, Jesús resucitado dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?”. Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Le volvió a decir por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le respondió: “Sí, Señor, sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”. Le preguntó por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras”. De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y, después de hablar así, le dijo: “Sígueme”.

Palabra del Señor.

Comentario

Muchas veces dejamos volar la imaginación de esta escena. Y está bien que así sea. Por eso hoy, en nuestra oración, imaginemos la mirada del Señor que habla con Pedro. Esa mirada tierna y penetrante que no permite que Pedro oculte nada. Ahora, lentamente, consideremos que estas palabras y esta mirada están dirigidas a nosotros.

Oración sobre las ofrendas       

Señor Dios, mira con bondad las ofrendas de tu pueblo y, para que podamos presentarte un sacrificio agradable, haz que la venida del Espíritu Santo nos purifique de todo pecado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      cf. Jn 16, 13

Dice el Señor: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los introducirá en toda la verdad”. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios nuestro, que nos purificas y alimentas con este sacramento, concédenos, por su eficacia, alcanzar la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado 03 de Junio de 2017

San Carlos Lwanga y compañeros, mártires

(MO). Rojo.


Durante el siglo XIX, misioneros católicos y anglicanos llegaron a Ruanda. La actitud de las autoridades fue benevolente en un primer momento, pero cuando los cristianos denunciaron los abusos de poder, comenzó la persecución contra los misioneros. Muchos de ellos sufrieron terribles torturas y otros fueron quemados vivos. Carlos Lwanga era un joven ugandés de 20 años, que pertenecía a la corte y fue martirizado en el año 1885. Hoy es el patrono de la juventud africana.

Antífona de entrada         cf. Sab 3, 6-7. 9

El Señor probó a sus elegidos como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto. Por eso brillarán cuando Dios los visite, porque la gracia y la misericordia son para sus elegidos. Aleluya.

Oración colecta    

Dios nuestro, que hiciste de la sangre de tus mártires semilla de nuevos cristianos, concédenos bondadosamente que el campo de tu Iglesia, regado por la sangre de san Carlos Lwanga y sus compañeros, te brinde siempre una generosa cosecha. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Hech 28, 16-20.30-31

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Cuando llegamos a Roma, Pablo recibió autorización para alojarse en una casa particular con un soldado que lo custodiara. Tres días después convocó a los judíos principales, y cuando se reunieron les dijo: “Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, fui arrestado en Jerusalén y puesto en manos de los romanos. Después de interrogarme, quisieron dejarme en libertad, porque no encontraban en mí nada que mereciera la muerte; pero ante la oposición de los judíos, me vi obligado a apelar al Emperador, sin querer por esto acusar en nada a mi pueblo. Por eso he querido verlos y hablarles, ya que a causa de la esperanza de Israel llevo estas cadenas”. Pablo vivió dos años enteros por sus propios medios, recibiendo a todos los que querían verlo, proclamando el Reino de Dios, y enseñando con toda libertad y sin encontrar ningún obstáculo, lo concerniente al Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.

Comentario

La escena marca el final del libro de los Hechos de los Apóstoles. Pablo ha llegado al lugar más inesperado para hacer conocer a Cristo. Y ha cumplido con la misión que le ha dado Jesús de predicar a todo el mundo.


Sal 10, 4-5. 7

R. ¡Los que son rectos verán tu rostro, Señor!

El Señor está en su santo Templo, el Señor tiene su trono en el cielo. Sus ojos observan el mundo, sus pupilas examinan a los hombres. R.

El Señor examina al justo y al culpable, y odia al que ama la violencia. Porque el Señor es justo y ama la justicia, y los que son rectos verán su rostro. R.

Aleluya        cf. Jn 16, 7. 13

Aleluya. “Les enviaré el Espíritu de la verdad; él les hará conocer toda la verdad”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Jn 21, 19-25

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús resucitado había anunciado con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que te va a entregar?” Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: “Señor, ¿y qué será de éste?” Jesús le respondió: “Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme”. Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: “Él no morirá”, sino: “Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?”. Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relatara detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.

Palabra del Señor.

Comentario

¿Por qué nos preguntamos siempre cómo será la relación de los demás con Jesús? ¿Por qué tanta intriga respecto de hacia dónde caminan los demás? Jesús nos enseña a mirarnos a nosotros mismos y nuestra relación con él, y nos dice: “Tú, sígueme, que de los demás yo mismo me ocupo”.

Oración sobre las ofrendas       

Al presentar nuestros dones, Señor, te pedimos que, así como diste a tus mártires la gracia de morir antes que pecar, nos concedas también a nosotros, servirte en tu altar con total entrega. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona      Sal 115, 15

Es valiosa a los ojos del Señor la muerte de sus santos. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te pedimos, Padre, que estos divinos sacramentos, recibidos en la conmemoración de tus santos mártires, como a ellos les dieron el valor para superar los tormentos, a nosotros con concedan, en medio de las adversidades, la perseverancia en la fe y en la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Liturgia


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