La liturgia cotidiana

La Liturgia Cotidiana es una revista mensual que contiene todo lo que la Iglesia conmemora y vive en la Eucaristía: calendario litúrgico, las oraciones de la misa, las lecturas litúrgicas, reflexiones de los textos bíblicos y explicaciones de las fiestas, solemnidades y memorias que se celebran cada día.



San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia
Memoria. Blanco.

Junto con santa Teresa, Juan de la Cruz fue el gran místico y reformador de la orden del Carmelo. Durante su vida, sufrió grandes desprecios, incluso la cárcel, porque su obra no era comprendida. Ha dejado escritos que son verdaderas joyas de la literatura mística: Subida del Monte Carmelo, Noche oscura del alma, Llama de amor viva, y otras. Murió en España en el año 1591.

Antífona de entrada          Cf. Gál 6, 14

Sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo.


Oración colecta     

Dios nuestro, tú hiciste de san Juan de la Cruz, presbítero, un modelo perfecto de negación de sí mismo y de amor a la cruz; concédenos que, imitándolo siempre, lleguemos a contemplar tu gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Is 48, 17-19


Lectura del libro de Isaías.

Así habla el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: “Yo soy el Señor, tu Dios, el que te instruye para tu provecho, el que te guía por el camino que debes seguir. ¡Si tú hubieras atendido a mis mandamientos, tu prosperidad sería como un río, y tu justicia, como las olas del mar! Como la arena sería tu descendencia, como los granos de arena, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido extirpado ni borrado de mi presencia”.

Palabra de Dios.


Comentario

Responder a la Ley de Dios (los mandatos) no es una carga ni una presión, sino el camino para la paz y la justicia. Las leyes de Dios son para nuestro bien y el bien de la comunidad.


Salmo Sal 1, 1-4. 6


R. ¡El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la Vida!

¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! R.

Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. R.

No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal. R.


Aleluya        

Aleluya. El Señor vendrá, salgan a su encuentro; él es el príncipe de la paz. Aleluya.


Evangelio     Mt 11, 16-19


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús dijo a la multitud: “¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: ‘¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!’. Porque llegó Juan el Bautista, que no come ni bebe, y ustedes dicen: ‘¡Está endemoniado!’. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras”.

Palabra del Señor.


Comentario

La queja de Jesús es justificada, porque muchos se quejan acusando a Jesús de ser frívolo y descuidado de la Ley. Pero son los mismos que acusan a Juan de ser un asceta exagerado. No importa cómo viva el mensajero de Dios; si el corazón es duro, siempre encontrará excusas para no escuchar.

Oración sobre las ofrendas        

Dios todopoderoso, acepta nuestra ofrenda en la conmemoración de san Juan de la Cruz, y concédenos expresar en la vida el misterio de la pasión de tu Hijo, que ahora celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Cf. Mt 16, 24

Dice el Señor: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”.


Oración después de la comunión

Dios nuestro, que en san Juan de la Cruz manifestaste admirablemente el misterio de la cruz, concédenos, por tu bondad, que, fortalecidos por este sacrificio, permanezcamos fielmente unidos a Cristo y trabajemos en la Iglesia por la salvación de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.


De la feria. Morado.

Antífona de entrada          Cf. Sal 79, 4. 2

Ven, Señor, que brille tu rostro sobre nosotros y seremos salvados, tú que tienes el trono sobre los querubines.


Oración colecta     

Dios todopoderoso, brille en nuestros corazones el esplendor de tu gloria, para que la venida de tu Hijo único disipe las tinieblas del pecado y nos ayude a vivir como hijos de la luz. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Ecli 48, 1-4. 9-11


Lectura del libro del Eclesiástico.

Surgió como un fuego el profeta Elías, su palabra quemaba como una antorcha. Él atrajo el hambre sobre ellos y con su celo los diezmó. Por la palabra del Señor, cerró el cielo, y también hizo caer tres veces fuego de lo alto. ¡Qué glorioso te hiciste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién puede jactarse de ser igual a ti? Tú fuiste arrebatado en un torbellino de fuego en un carro con caballos de fuego. De ti está escrito que en los castigos futuros aplacarás la ira antes que estalle, para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos y restablecer las tribus de Jacob. ¡Felices los que te verán y los que se durmieron en el amor, porque también nosotros poseeremos la vida!

Palabra de Dios.


Comentario

No hay dudas de que Elías ha marcado profundamente al pueblo de Israel. Aún hoy, en las celebraciones judías del sábado, se pone en la mesa una copa de vino esperando que venga este profeta a entronizar el Reino definitivo de Dios.


Salmo Sal 79, 2ac. 3b. 15-16. 18-19


R. ¡Restáuranos, Señor, y seremos salvados!

Escucha, Pastor de Israel, tú que tienes el trono sobre los querubines, resplandece, reafirma tu poder y ven a salvarnos. R.

Vuélvete, Señor de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, el retoño que tú hiciste vigoroso. R.

Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, al hombre que tú fortaleciste, y nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre. R.


Aleluya         Lc 3, 4. 6

Aleluya. Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Todos los hombres verán la Salvación de Dios. Aleluya.


Evangelio     Mt 17, 10-13


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.


Los discípulos preguntaron a Jesús: “¿Por qué dicen los escribas que primero debe venir Elías?”. Él respondió: “Sí, Elías debe venir a poner en orden todas las cosas; pero les aseguro que Elías ya ha venido, y no lo han reconocido, sino que hicieron con él lo que quisieron. Así también harán padecer al Hijo del hombre”. Los discípulos comprendieron entonces que Jesús se refería a Juan el Bautista.

Palabra del Señor.


Comentario

“Jesús identifica implícitamente a Juan el bautista con el profeta Elías. Lo mismo que el profeta Elías, tenazmente perseguido por la reina Jezabel, Juan fue víctima de Herodías, la mujer de Herodes Antipas” (A. Levoratti, Comentario Bíblico Latinoamericano, Ed. Verbo Divino).

Oración sobre las ofrendas        

Ayúdanos, Padre, a ofrecerte este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que así cumplamos debidamente lo que tú mismo nos mandaste celebrar y obtengamos la plenitud de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Cf. Apoc 22, 12

Dice el Señor: “Pronto regresaré trayendo mi recompensa, para dar a cada uno según sus obras”.


Oración después de la comunión

Señor y Dios nuestro, imploramos tu clemencia para que la fuerza de este alimento divino, liberándonos de todo pecado, nos prepare para la celebración del nacimiento de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.


III Domingo de Adviento
(Domingo de Gaudete)
Morado o rosado.

Antífona de entrada          Cf. Flp 4, 4-5

Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir: alégrense, pues, el Señor está cerca.


Oración colecta     

Dios y Padre nuestro, que acompañas bondadosamente a tu pueblo en la fiel espera del nacimiento de tu Hijo, concédenos festejar con alegría su venida y alcanzar el gozo que nos da su salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

1ª Lectura    Sof 3, 14-18a


Lectura de la profecía de Sofonías.

¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal. Aquel día, se dirá a Jerusalén: ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos! ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! Él exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta.

Palabra de Dios.


Comentario

Si en una ciudad, en este caso Jerusalén, o en una comunidad o familia, se vive la presencia de Dios en la vida cotidiana, solo hay lugar para el regocijo y la felicidad.


Salmo Is 12, 2-6


R. ¡Aclamemos al Señor con alegría!

Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. R.

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre. R.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R.


2ª Lectura    Flp 4, 4-7


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos.

Hermanos: Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. No se angustien por nada y, en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.


Comentario

Cuando esperamos algo que nos hace bien, o que nos provoca algún tipo de felicidad, estamos alegres por anticipado. Porque sabemos que lo que viene es bueno para nosotros. La alegría se empieza a vivir aun antes de poseer el bien.


Aleluya         Is 61, 1

Aleluya. El Espíritu del Señor está sobre mí; él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres. Aleluya.


Evangelio     Lc 3, 2b-3. 10-18


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Dios dirigió su palabra a Juan Bautista, el hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. La gente le preguntaba: “¿Qué debemos hacer entonces?”. Él les respondía: “El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto”. Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: “Maestro, ¿qué debemos hacer?”. Él les respondió: “No exijan más de lo estipulado”. A su vez, unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué debemos hacer?”. Juan les respondió: “No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo”. Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo a todos: “Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible”. Y por medio de muchas otras exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Noticia.

Palabra del Señor.


Comentario

Quienes se acercaban a Juan preguntaban qué debían hacer o cómo debían vivir después. A cada uno de los que se acercaban con este planteo, Juan les daba una respuesta de acuerdo a la actividad que cada uno desarrollaba. Porque no alcanza con el gesto religioso, la piedad o un sacramento recibido. Se debe vivir (hacer) de acuerdo a lo que se ha recibido y comprometerse con lo que se confiesa de acuerdo a lo que cada uno pueda hacer en su medio, en su actividad.

Oración sobre las ofrendas        

Ayúdanos, Padre, a ofrecerte este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que así cumplamos debidamente lo que tú mismo nos mandaste celebrar y obtengamos la plenitud de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Cf. Is 35, 4

Digan a los que están desalentados: “Sean fuertes, no teman, nuestro Dios viene y nos salvará”.


Oración después de la comunión

Señor y Dios nuestro, imploramos tu clemencia para que la fuerza de este alimento divino, liberándonos de todo pecado, nos prepare para la celebración del nacimiento de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.


Lunes 17
(Feria de Adviento)
Morado.

Hasta ayer, día 16 de diciembre, el Adviento nos exhortó a mirar hacia el futuro, a la segunda y definitiva venida de Jesús, que instaura el Reino de Dios. A partir de hoy y hasta la Navidad, las lecturas de la Sagrada Escritura hacen memoria de la primera venida de Jesús, encarnado como ser humano en nuestra tierra. Durante esos días, todas aquellas personas que han vivido fuertemente la expectativa por la llegada del Mesías –Zacarías, Isabel, José y María– aparecen como protagonistas en los textos que nos ofrece la liturgia.

Antífona de entrada          Cf. Is 49, 13

Alégrense los cielos y regocíjese la tierra. Porque viene el Señor y se compadecerá de sus pobres.


Oración colecta     

Señor Dios, creador y redentor del hombre, tú quisiste que tu Palabra se encarnara en el seno de una Madre siempre virgen; concédenos participar de la vida divina de tu Hijo único, así como él asumió nuestra misma naturaleza humana. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Gn 49, 1-2. 8-10


Lectura del libro del Génesis.

Jacob llamó a sus hijos y les habló en estos términos: “Reúnanse, para que yo les anuncie lo que les va a suceder en el futuro: Reúnanse y escuchen, hijos de Jacob, oigan a Israel, su padre. A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, tomarás a tus enemigos por la nuca y los hijos de tu padre se postrarán ante ti. Judá es un cachorro de león. –¡Has vuelto de la matanza, hijo mío!–. Se recuesta, se tiende como un león, como una leona: ¿quién lo hará levantar? El cetro no se apartará de Judá ni el bastón de mando de entre sus piernas, hasta que llegue Aquel a quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia”.

Palabra de Dios.


Comentario

El león, “rey de la selva”, es el emblema de la tribu de Judá. De esta tribu, saldrá el que reinará sobre sus hermanos. De Belén, una pequeña aldea de Judá, en la que nació David, llegará un día el Mesías.


Salmo Sal 71, 1-4ab. 7-8. 17


R. ¡Que en sus días florezca la justicia!

Concede, Señor, tu justicia al rey y tu rectitud al descendiente de reyes, para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus pobres con rectitud. R.

Que las montañas traigan al pueblo la paz, y las colinas, la justicia; que él defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos de los pobres. R.

Que en sus días florezca la justicia y abunde la paz, mientras dure la luna; que domine de un mar hasta el otro, y desde el Río hasta los confines de la tierra. R.

Que perdure su nombre para siempre y su linaje permanezca como el sol; que él sea la bendición de todos los pueblos y todas las naciones lo proclamen feliz. R.


Aleluya        

Aleluya. Sabiduría del Altísimo, que ordenas todo con firmeza y suavidad, ven y enséñanos el camino de la prudencia. Aleluya.


Evangelio     Mt 1, 1-17


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia. Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

Palabra del Señor.


Comentario

Para la simbología judía, el número catorce corresponde al rey David. Así el Evangelio nos lleva a mirar la historia de Israel, marcada por periodos de catorce generaciones y cargada de la expectativa del Rey Mesías, que trae la salvación. Hacia ese rey dirigimos nuestra mirada en estos días.

Oración sobre las ofrendas        

Señor, Dios nuestro, santifica las ofrendas de tu Iglesia y danos en estos sagrados misterios el pan del cielo que repara nuestras fuerzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Cf. Ag 2, 7

Ya viene el deseado de todas las naciones y llenará de gloria la casa del Señor.


Oración después de la comunión

Alimentados con el don celestial, te pedimos, Dios todopoderoso, que, encendidos por el fuego de tu Espíritu, brillemos como lámparas resplandecientes en presencia de tu Hijo Jesucristo, que ya viene a nosotros. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.


Día 18.
Morado.

Antífona de entrada         

Vendrá Cristo, nuestro Rey, a quien Juan anunció como el Cordero de Dios.


Oración colecta     

Te pedimos, Dios todopoderoso, que el nacimiento de tu Hijo nos libre de la antigua esclavitud del pecado y nos ayude a vivir como hombres nuevos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Jer 23, 5-8


Lectura del libro de Jeremías.

Llegarán los días –oráculo del Señor– en que suscitaré para David un germen justo; él reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país. En sus días, Judá estará a salvo e Israel habitará seguro. Y se lo llamará con este nombre: “El Señor es nuestra justicia”. Por eso, llegarán los días –oráculo del Señor– en que ya no se dirá: “Por la vida del Señor que hizo subir a los israelitas del país de Egipto”, sino más bien: “Por la vida del Señor que hizo subir a los descendientes de la casa de Israel, y los hizo llegar del país del Norte y de todos los países adonde los había expulsado, para que habiten en su propio suelo”.

Palabra de Dios.


Comentario

La profecía expresa lo que cualquier pueblo espera de sus gobernantes: justicia, prudencia, derecho y unión del pueblo. Esto también lo quiere Dios, pero no lo quiere sólo para algún pueblo en particular, sino para toda la humanidad.


Salmo Sal 71, 1-2. 12-13. 18-19


R. ¡Que en sus días florezca la justicia!

Concede, Señor, tu justicia al rey y tu rectitud al descendiente de reyes, para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus pobres con rectitud. R.

Porque él librará al pobre que suplica y al humilde que está desamparado. Tendrá compasión del débil y del pobre, y salvará la vida de los indigentes. R.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel; el único que hace maravillas. Sea bendito eternamente su Nombre glorioso y que su gloria llene toda la tierra. R.


Aleluya        

Aleluya. ¡Pastor de la casa de Israel, que diste la Ley a Moisés en el Sinaí, ven a librarnos con el poder de tu brazo! Aleluya.


Evangelio     Mt 1, 18-24


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel”, que traducido significa: “Dios con nosotros”. Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.

Palabra del Señor.


Comentario

José es descripto como un varón justo. Su vida está “ajustada” a la voluntad de Dios. Por eso, su fidelidad permite que la Palabra de Dios se cumpla. En José, tenemos al santo que, aun en medio de lo incomprensible, aporta su colaboración para que el Reino de Dios se realice en este mundo.

Oración sobre las ofrendas        

Te suplicamos, Padre, que nuestra ofrenda sacramental nos haga agradables a ti, para que podamos participar de la eternidad de tu Hijo quien con su muerte venció nuestra muerte. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.


Antífona de comunión        Cf. Mt 1, 23

Le pondrán el nombre de Emanuel, que significa Dios con nosotros.


Oración después de la comunión

Ayúdanos, Señor, a recibir en la Iglesia el don de tu misericordia y a prepararnos debidamente para celebrar la llegada de nuestro Salvador. Que vive y reina por los siglos de los siglos.


Día 19.
Morado.

Antífona de entrada          Cf. Heb 10, 37

El que ha de venir, vendrá sin tardar y ya no habrá temor en nuestra tierra, porque él es nuestro Salvador.


Oración colecta     

Dios y Padre nuestro, que a través de la maternidad de la Virgen María quisiste revelar al mundo el esplendor de tu gloria, concédenos poder celebrar con fe íntegra y generosa entrega el admirable misterio de la Encarnación de tu Hijo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Jc 13, 2-7. 24-25a


Lectura del libro de los Jueces.

Había un hombre de Sorá, del clan de Dan, que se llamaba Manóaj. Su mujer era estéril y no tenía hijos. El Ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo: “Tú eres estéril y no has tenido hijos, pero vas a concebir y a dar a luz un hijo. Ahora, deja de beber vino o cualquier bebida fermentada, y no comas nada impuro. Porque concebirás y darás a luz un hijo. La navaja nunca pasará por su cabeza, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno materno. Él comenzará a salvar a Israel del poder de los filisteos”. La mujer fue a decir a su marido: “Un hombre de Dios ha venido a verme. Su aspecto eran tan imponente, que parecía un ángel de Dios. Yo no le pregunté de dónde era, ni él me dio a conocer su nombre. Pero me dijo: ‘Concebirás y darás a luz un hijo. En adelante, no bebas vino ni bebida fermentada, ni comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre hasta el día de su muerte’”. La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo. Y el espíritu del Señor comenzó a actuar sobre él.

Palabra de Dios.


Comentario

Se dice del niño: “estará consagrado”. Siempre hay una situación acuciante en el pueblo para que Dios intervenga por medio de personas que se consagran para realizar la obra de salvación necesaria. Su obrar se vuelve así un reflejo de la providencia de Dios sobre este mundo.


Salmo Sal 70, 3-4a. 5-6ab. 16-17,


R. ¡Mi boca proclama tu alabanza, Señor!

Sé para mí una roca protectora, Señor, tú que decidiste venir siempre en mi ayuda, porque tú eres mi Roca y mi fortaleza. Líbrame, Dios mío, de las manos del impío. R.

Porque tú, Señor, eres mi esperanza y mi seguridad desde mi juventud. En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre; desde el seno materno fuiste mi protector. R.

Vendré a celebrar las proezas del Señor, evocaré tu justicia, que es sólo tuya. Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud, y hasta hoy he narrado tus maravillas. R.


Aleluya        

Aleluya. Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ven a librarnos, no tardes más. Aleluya.


Evangelio     Lc 1, 5-25


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón. Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada. Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso. Entonces se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. Pero el Ángel le dijo: “No temas; Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. Él será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto”. Pero Zacarías dijo al Ángel: “¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada”. El Ángel le respondió: “Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo”. Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. Él se expresaba por señas, porque se había quedado mudo. Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa. Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses. Ella pensaba: “Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres”.

Palabra del Señor.


Comentario

Al profeta le espera una ardua tarea para hacer en medio del pueblo: predicar que todos vuelvan a su Dios, recomponer los vínculos rotos y hacer que los rebeldes adquieran la sabiduría de la vida. Juan es señalado como el profeta que llevará adelante esta misión. Y para nosotros, profetas por el bautismo, el Adviento es la exhortación para que realicemos esta profecía hoy.

Oración sobre las ofrendas        

Dios nuestro, mira con bondad las ofrendas que presentamos ante tu altar y consagra con tu poder los dones de nuestra pobreza. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Cf. Lc 1, 78-79

Nos visitará el Sol naciente para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.


Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, al darte gracias por los dones recibidos, te pedimos que despiertes en nosotros el deseo de la salvación prometida, para poder celebrar el nacimiento del Salvador con un corazón renovado. Por Jesucristo, nuestro Señor.