Publicado en: Miradas


ICONOGRAFÍA

Marouflage

Por Lis Anselmi

El término marouflage es de origen francés y deriva de la palabra maroufle, que es un pegamento muy fuerte. La técnica del marouflage comenzó a usarse hace unos tres mil años, y ha sido bastante popular en la iconografía religiosa. Consiste en pintar sobre una tela que luego será pegada a una pared, dando la impresión de tratarse de una pintura mural. También puede pintarse sobre papel, ya que lo que caracteriza a esta técnica es el pintar sobre una superficie blanda y adherirla a una rígida.

Fue durante el período barroco cuando los artistas crearon este arte, ellos querían mantener las ventajas de la pintura al óleo sobre tela, pero que se viese en un muro como un fresco. Algunos pintaban las imágenes por fragmentos que unían luego en la pared como un gran rompecabezas.

Esta técnica permitía a los artistas realizar el trabajo en sus atelieres y luego llevar la obra a la iglesia o el lugar donde sería expuesta.

Los adhesivos usados eran muy variados, desde la cola de conejo hasta el carbonato básico de plomo, amasado con aceite, el “maroufle” era básicamente carbonato de calcio y cola de conejo, lo mismo que se utilizaba para preparar las tablas de iconografía, donde también se adhiere una tela, pero antes de pintar.

Cuando empezaron a emplear esta técnica, aplicaban el pegamento tanto a la tela como a la pared y presionaban la tela en forma pareja hasta fijarla, cuidando de que no se formaran burbujas. Al aplicar el pegamento a la tela y el muro, se causaban daños a la pintura en el momento en que se pretendía despegarla para trasladarla a otro sitio. Ya en el siglo XX se perfeccionó la técnica, y el pegamento solo se coloca en la pared; así se logran mínimos daños en el caso de tener que despegar la pintura.

En la actualidad, está casi en desuso esta técnica, y se prefiere pintar directamente en las paredes.

En Buenos Aires, buenos ejemplos de este trabajo pueden verse en la librería El Ateneo y en el camarín de San José, en la Basílica San José de Flores. Quien mira sus paredes pintadas no sospecha que, en realidad, se trata de telas pegadas sobre el muro. Un muy buen ejemplo de la técnica marouflage aplicada a la iconografía religiosa.