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Editorial SAN PABLO
 
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Publicado en: Iglesia y Sociedad

La estrella de Belén ¿era una estrella?

Por Ariel Álvarez Valdés
Teólogo

En torno a una estrella

Hace casi dos mil años, según cuenta el evangelio, aparecieron en Jerusalén unos magos venidos de Oriente, afrontando un largo viaje y los recelos del rey Herodes, para traer oro, incienso y mirra a un niño recién nacido en un establo.

Como lo relataron ellos mismos al final de su fatigoso periplo, se habían puesto en camino porque vieron una estrella en el Oriente, que los había venido guiando precisamente hasta allí, y entonces había desaparecido.

Al presentarse los magos ante Herodes, que se hallaba en los últimos años de su vida cargado de complejos persecutorios y abrumado por complots, el viejo déspota se turbó enormemente. Y reunido en una de las salas de su palacio con los sabios de la corte y los recién llegados, trató de averiguar más sobre aquella estrella y el tiempo de su aparición.

Desde entonces muchos astrónomos, eruditos, exegetas y científicos, han proseguido con las investigaciones iniciadas por Herodes y su gente, intentando dilucidar aquel luminoso fenómeno celeste, y a lo largo de la historia han propuesto diversas teorías y aventurado distintas opiniones que hasta el día de hoy no lograron esclarecer el misterio.

Los caprichos de una estrella

Si prestamos atención a lo que dice san Mateo en su Evangelio nos daremos cuenta de que todo esfuerzo por tomar históricamente el relato de la estrella y tratar de identificarla con una nova, un cometa, un meteorito o cualquier otro fenómeno astronómico, lamentablemente nos lleva por un camino equivocado.

Basta analizar un instante las particularidades del relato (Mt 2, 1-12) para comprender que la descripción de la estrella contradice la realidad del mundo planetario y estelar.

En efecto, el curso aparente de los astros en el cielo según nuestra posición desde la Tierra es de oriente a occidente. Ahora bien, si realmente llegaron a Palestina unos magos de Oriente guiados por una estrella, tuvieron que venir: o por el norte (siguiendo la media luna fértil), o por el sur (a través de la zona llamada Arabá). Los biblistas más bien se inclinan por esta última ruta, pues piensan que los magos procedían de la región de Arabia. ¿Pudo, entonces, una estrella hacer un recorrido de sur a norte?

Pero hay más. Dice el evangelio que una vez llegados a Jerusalén, la estrella continuó guiándolos hasta Belén, ciudad que se encuentra 8 kilómetros al sur (Mt 2, 9). ¿Qué extraño cuerpo celeste es éste que viaja primero de sur a norte y luego de norte a sur? Los astros no pueden estar zigzagueando por el cielo. Además, ninguna crónica histórica de la época registra un episodio con estas características.

Responsable de la tragedia

Más adelante sigue relatando que la estrella, que iba por delante de los magos, llegó a destino y se detuvo en el lugar exacto donde se encontraba el niño Jesús (Mt 2, 9). ¿Puede una estrella desplegar semejante acrobacia y detenerse en un punto exacto? Ya san Juan Crisóstomo en el siglo IV lo dudaba.

Pero si aún así, alguien quisiera a toda costa salvar la realidad de la estrella, diciendo que se trata de un milagro hecho por Dios (que como todopoderoso puede hacer que un astro trace en el cielo la órbita que él quiera), entonces tendrá que explicar una última dificultad. Y es que la estrella comete un terrible error. En vez de guiar a los magos directamente hacia Belén los conduce a Jerusalén.

Sin tal error, Herodes no se habría enterado del nacimiento de Jesús y se habría evitado todo el drama de la muerte de los inocentes. ¿Puede un signo guiado por Dios cometer tan macabro desliz? ¿Realmente pensaba Mateo en una estrella del cielo cuando escribía estas cosas?

Si la estrella del relato no era un fenómeno celeste, entonces es un símbolo, y por lo tanto debe tener algún significado.

Simbolismo de la estrella

Esto hace que los autores modernos se pregunten: ¿cuál es el sentido que tiene la estrella en el relato de Mateo?

Hoy los biblistas sostienen que en realidad Mateo compuso este pasaje para exponer aquí la tesis de la universalidad de la salvación. De este modo, cada elemento de la narración simbolizaría una realidad distinta: los magos representan a los paganos; Herodes, a los judíos; y la estrella, la fe.

Mateo pretende, así, explicar que Jesús, una vez nacido en Belén como un niño judío y para salvar a los judíos, quiso brindar también al paganismo, ya desde la cuna, la posibilidad de un encuentro, para lo cual envía la luz de la fe (estrella), cuya misión es guiar a los gentiles (magos) hasta el lugar donde se encuentra el salvador (Jesús).

Pero Mateo es consciente de que el pueblo judío es el pueblo elegido, y que tiene un privilegio por encima de todas las demás naciones. Por ello, la estrella (fe) no puede guiar a los magos (paganismo) directamente a Jesús. El judaísmo conservaba su posición de privilegio, y sólo por intermedio de ellos era posible llegar hasta el salvador. Es por eso que en el relato la estrella no guía a los magos a Belén sino a Jerusalén, para que sea Herodes (el judaísmo) quien los lleve hasta Jesús. La estrella, pues, no aparece equivocándose sino cumpliendo su cometido, llevando a los paganos a confrontar sus inquietudes con los judíos.

Un privilegio rechazado

Pero el judaísmo (Herodes) rechazó a Jesús. Entonces el camino queda libre para que los paganos puedan ir guiados por la estrella (fe) hasta el lugar mismo donde se encuentra el salvador.

Todo privilegio tiene su correspondiente obligación. Y el evangelista recuerda que Israel estaba mucho más constreñido a recibir al Mesías, tenía las luces necesarias para descubrirlo en el niño Jesús. Incluso su nacimiento en Belén proclamaba a los cuatro vientos que el reino mesiánico había llegado. Pero el relato de los magos nos enseña cómo el judaísmo renuncia voluntariamente a su posición singular. No quiere ir al encuentro del Mesías. Lo rechaza. Más aún, lo considera un usurpador y un peligro. Y rehusando conducir al mundo gentil hasta donde se encontraba Jesús, renuncia voluntariamente a los privilegios que le otorgaba su situación de pueblo elegido.

Y es entonces, y sólo entonces, cuando al paganismo se le abren las puertas para acercarse directamente a Jesús. Ya no precisa llegar al Salvador a través del judaísmo. El antiguo pueblo cede paso a uno nuevo.

Abiertas desde temprano

Al narrar este episodio de la estrella, Mateo está contando algo que en realidad sucedió después de la resurrección de Cristo. La mayor parte de los judíos rechazó a Jesús, a tal punto que en tiempos de Mateo las autoridades judías eran hostiles a los cristianos, los perseguían y encarcelaban. En cambio los paganos, es decir, los no judíos, aceptaron la nueva fe y se volcaron en masa a las comunidades cristianas.

Entonces Mateo, frente a este fenómeno, hizo retroceder hasta el nacimiento de Jesús la llegada de los paganos, y cuenta como si ya con en su nacimiento Mesías se hubieran abierto las puertas del cristianismo a todos los pueblos gentiles.

La estrella de los magos en el relato de Mateo no es pues ningún fenómeno celeste que haya aparecido realmente en el firmamento, sino el símbolo de la luz de la fe que brilla en las tinieblas del pecado cuando el salvador aparece en el mundo.

Mateo plasma así una tesis nueva. Jesús, aun siendo judío y descendiente de David, es un Mesías con fuerza para ahuyentar del mundo entero las tinieblas del pecado, por más lejano que se encuentre el hombre, y en el desierto que sea. Para ello éste debe cumplir un solo requisito: dejarse guiar por la luz de la fe.

La estrella sale para todos

Los escribas y sumos sacerdotes reunidos por Herodes, al escudriñar la Biblia para averiguar sobre la estrella habrán encontrado seguramente no menos de 465 profecías sobre el Mesías, y más de 550 alusiones a él en las Escrituras. Y hasta le indicaron a Herodes el lugar exacto donde podía encontrar al Salvador, al verdadero rey de los judíos. Sin embargo ninguno se puso en movimiento.

Los magos, en cambio, nos dejaron el ejemplo de quien está en actitud de búsqueda ante Dios.

En nuestra vida suelen suceder hechos cargados de sentido que reclaman nuestra atención. Ciertamente si uno no se pone a investigar, a ver qué quiere decirnos Dios, vive más tranquilo, no se cuestiona, no se hace problemas. Pero no avanza, se mueve en un horizonte estrecho, mezquino, sin dimensiones, y se priva de lo que le ofrece su capacidad para progresar.

Los magos estaban a la espera. Aguardaban. Y cuando apareció algo en su cielo, comprendieron que era el signo. No dudaron. No se dejaron enredar con falsas hipótesis. Iniciaron una larga caminata cargando el deseo de cumplir la voluntad de Dios, y de seguir adelante pese a todos los sacrificios que tal decisión implicaba.

En la vida hay que seguir una estrella. Un ideal. Un proyecto de vida. Un modelo de santidad. Esa es la estrella que brilla para nosotros en nuestro cielo azul. Y hay que seguirla a pesar de todos los sacrificios que impone.

Jesús nos espera al final.

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