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Editorial SAN PABLO
 
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Publicado en: Iglesia y Sociedad

Con el agua al cuello

Por Germán Ceferino Díaz
Religioso Salesiano. / Profesor de Filosofia y Licenciado en Comunicacion Social

Quizás este sea el mundial más político que los argentinos vivieron o vivirán. Con los ojos miramos el mundial, con los oídos escuchamos el procesamiento de Boudou y sus compañeros, la dinámica judicial de los fondos buitres internacionales, la inflación que día a día se hace sentir tanto como el frío de un invierno arduo y la trama final de un Gobierno que preocupa por su falta de control de la situación. Muchos piensan en la gallardía de los jugadores argentinos, que, si ganan el campeonato, tendrán que ir a festejar con la copa en los balcones de la Rosada junto a Cristina y a Boudou (?). Tal vez por esto, se podrían explicar casi con rigor científico los vómitos involuntarios de Lionel Messi. La copa es para todos y para los jugadores, pero en 1978 parecía que el proceso militar argentino encontraba una legitimidad en esa funesta escena de Jorge Videla y la primera copa del mundo cosechada por argentinos[1]. Aunque la Argentina gane el mundial, los funcionarios nacionales que están y estarán procesados deberán vestir el traje a rayas si la Justicia funciona en nuestro país.
 
No están bien las cosas en la Argentina, lo cual ya no es una simple opinión del arco opositor. La situación del país exige tomar nota de los errores cometidos y ponerse a trabajar de verdad para solucionarlos. Algunos opinan que no es tan difícil salir del contexto político y económico crítico que hoy vivimos. Los despidos laborales están alertando a muchos trabajadores. “El número de despidos laborales se incrementó en el último año en la Argentina, en abril se registraron 3361, un 80% más que en el mismo mes de 2013. Según un informe de la consultora privada Tendencias Económicas, la conflictividad laboral experimentó un pronunciado aumento en el primer cuatrimestre de 2014, y se localizó principalmente en los despidos y las suspensiones, un comportamiento asociado con la marcada reducción del nivel de actividad económica y de las exportaciones[2]”. La situación también se siente como el frío en la alta inflación que come los ahorros y desangra los sueldos de la clase media. No agreguemos detalles, como nafta al incendio, de la apretada y vergonzosa situación de los jubilados.
 
Para colmo de males, la inundación desnuda sin dilación la pobreza de Misiones y Formosa. Los supuestos diez años de economía exitosa en el país ya son solamente una anécdota increíble. La tristeza que vive el Nordeste Argentino, debido a las inundaciones por el avance y la crecida de los ríos Paraguay Uruguay, deja en claro que la pobreza no se pudo desterrar, menguar y tampoco, por supuesto, solucionar. Las pobres casitas que fueron arrasadas por las aguas ribereñas no disimulan la pobreza que el Gobernador de Formosa siempre intentó tapar con sus ingeniosas pero ingenuas campañas “Por nuestra gente Todo”, con limpieza de veredas, bombos y platillos, y postergando las obras fundamentales. Hoy por hoy, se denuncia al ingeniero propietario de la empresa Loma Hermosa SA, por el estrago sufrido por Clorinda, ya que cobraba más de 100 mil pesos mensuales pagados por el Gobierno Provincial para efectuar las tareas de mantenimiento de las bombas de desagüe en la ciudad que no funcionaron cuando se las necesitó. En esto se debe decir que los evacuados en Clorinda (Formosa) superaron los 4500 por la crecida del Río Paraguay y por las lluvias muchos más. Tampoco la provincia de la Maravilla natural ha reducido la pobreza ni la exclusión. En Misiones con más de 7500 evacuados, suman más de 500 millones de pesos en pérdidas y esperan que se declare zona de desastre por estos días. La infraestructura vial quedó en jaque con un saldo de localidades aisladas por la caída de puentes y carreteras intransitables[3].
 
Lo dice el Papa Francisco: “La corrupción de los poderosos termina siendo pagada por los pobres”, quienes, por avidez de los demás, terminan sin aquello que necesitan y a lo que tienen derecho. Lo afirmó Francisco en la misa matutina del 16 de junio del 2014 en la Casa de Santa Marta: “El único camino para vencer el pecado de la corrupción es el servicio a los demás que purifica el corazón”[4]. En nuestro país, hay muchas tareas pendiente, y somos todos responsables de exigir a los funcionarios no ya un Estado partidista e ideológico, sino racional y al servicio de las necesidades de todos los argentinos.
 
Las denuncias contra los principales representantes del pueblo argentino siguen causando miedo y vergüenza. Pero los poderosos se tapan entre ellos o desvían el tema central de atención. Si hasta el propio jefe de Gabinete Jorge Capitanich parlotea sin sentido las contradicciones de un gobierno que ya no sabe de dónde agarrarse para defenderse. “El Exgobernador del Chaco criticó con dureza a los medios de comunicación por el "tratamiento inequitativo y desigual" del caso Ciccone, respecto del procesamiento de Macri, en la causa por las escuchas ilegales. “Se observa que los mismos opositores que se expiden sobre esta causa [Boudou], no lo hacen en el mismo sentido que en la causa de Macri”, indicó al ser consultado sobre los referentes del arco no oficialista que impulsan el juicio político al vicepresidente”[5]. El encubrimiento o lo que sea de las causas de Macri no aminoran o quitan gravedad a los actos de corrupción del Vicepresidente. El comentario no excluye la responsabilidad que debería asumir el Gobierno frente a las acciones deshonestas de sus funcionarios.
 
En este Mundial 2014, la gran a la que deberíamos alentar para ganar es de la República, la Democracia y la Justicia. No son ideales para nombrar en los discursos eufóricos ante los fieles y acríticos seguidores, sino para sostenerlos con las políticas verdaderas y eficaces. Si las luchas por un país mejor se sostuvieran a lo largo del tiempo, sacaríamos adelante una Argentina distinta. Pero no podemos justificar la corrupción de los funcionarios por su carisma y las dádivas eternas del sistema populista. Con el agua hasta el cuello no debemos perder la dignidad de ciudadanos libres ni dejar que el Estado la pierda.

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