La liturgia cotidiana

La Liturgia Cotidiana es una revista mensual que contiene todo lo que la Iglesia conmemora y vive en la Eucaristía: calendario litúrgico, las oraciones de la misa, las lecturas litúrgicas, reflexiones de los textos bíblicos y explicaciones de las fiestas, solemnidades y memorias que se celebran cada día.


Domingo 7° durante el año.
Verde.

Antífona de entrada          Cf. Sal 12, 6

Señor, yo confío en tu misericordia: que mi corazón se alegre porque me salvaste. Cantaré al Señor, porque me ha favorecido.


Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso, que, meditando sin cesar las realidades espirituales, llevemos a la práctica, en palabras y obras, cuanto es de tu agrado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

1ª Lectura    Lev 19, 1-2. 17-18


Lectura del libro del Levítico.

El Señor dijo a Moisés: Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel: Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. No odiarás a tu hermano en tu corazón; deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él. No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.

Palabra de Dios.


Comentario

La santidad que proclama el Levítico es la participación del espacio sagrado del mismo Dios y, por lo tanto, esto incluye amar al hermano. No podría ser de otra manera, porque estar “en Dios” nos incluye en su amor como hijos e hijas suyos, lo cual nos hace hermanos y hermanas.


Salmo Sal 102, 1-4. 8. 10. 12-13


R. El Señor es bondadoso y compasivo.

Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas y sana todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. R.

El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.

Cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados. Como un padre cariñoso con sus hijos, así es cariñoso el Señor con sus fieles. R.


2ª Lectura      1Cor 3, 16-23


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: ¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo. ¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: “Él sorprende a los sabios en su propia astucia”, y además: “El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos”. En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes, pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.

Palabra de Dios.


Comentario

En las palabras finales de esta lectura, Pablo parece poner algunas cosas en orden: nadie está por encima de nadie porque todo se ordena desde Cristo, y Cristo es el Señor de toda la creación.


Aleluya           1Jn 2, 5

Aleluya. En aquel que cumple la palabra de Cristo, el amor de Dios ha llegado verdaderamente a su plenitud. Aleluya.


Evangelio      Mt 5, 38-48


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por dien­te”. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para qui­tarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acom­pañes un kilómetro, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado. Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recom­pensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor.


Comentario

“El amor tiene un poder de redención. Es un poder que termina transformando a las personas. Por eso Jesús dijo ‘Amen a sus enemigos’. Porque si odian a sus enemigos, no tendrán modo alguno de redimir y transformar a sus enemigos. Pero si aman a sus enemigos, descubrirán que en toda raíz de amor está el poder de la redención. Solo tienen que amar a la gente y amarla incluso cuando los maltratan. Si un vecino hace algo contra ustedes, no dejen de considerarlo únicamente una persona amiga. Continúen amándola. Eso es amor. Es redentor y por eso Jesús dijo: amen. Hay algo en el amor que construye y es creativo. Hay algo en el odio que derriba y es destructivo. Por eso, amen a sus enemigos” (Martin Luther King Jr., sermón en la iglesia de Montgomery, 17 de noviembre de 1957).

Oración sobre las ofrendas       

Al celebrar estos misterios con la debida reverencia, te suplicamos, Señor, que los dones ofrecidos para tu gloria nos obtengan la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Sal 9, 2-3

Proclamaré todas tus maravillas; quiero alegrarme y regocijarme en ti y cantar himnos a tu nombre, Altísimo.


Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, concédenos alcanzar la salvación eterna, cuyo anticipo hemos recibido en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

De la feria. Morado.

Antífona de entrada           Cf. Sal 12, 6

Señor, yo confío en tu misericordia: que mi corazón se alegre porque me salvaste. Cantaré al Señor, porque me ha favorecido.


Oración colecta     

Concédenos, Dios todopoderoso, que, meditando sin cesar las realidades espirituales, llevemos a la práctica, en palabras y obras, cuanto es de tu agrado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Sant 3, 13-18


Lectura de la carta de Santiago.

Hermanos: El que se tenga por sabio y prudente, demuestre con su buena conducta que sus actos tienen la sencillez propia de la sabiduría. Pero si ustedes están dominados por la rivalidad y por el espíritu de discordia, no se vanaglorien ni falten a la verdad. Semejante sabiduría no desciende de lo alto sino que es terrena, sensual y demoníaca. Porque donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura; y además, pacífica, benévola y conciliadora; está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien; es imparcial y sincera. Un fruto de justicia se siembra pacíficamente para los que trabajan por la paz.

Palabra de Dios.


Comentario

La vida de fe se demuestra en la vida cotidiana. Y los primeros que tenemos que examinar nuestra vida somos nosotros mismos. No podemos ser ciegos a nuestras envidias, celos, rivalidades y desprecios. Todo eso ¡y mucho más! puede estar en nuestro corazón. Si no lo advertimos, nos invadirá. Seamos muy sinceros con nuestros sentimientos, aunque nos decepcionemos de nosotros mismos.


Salmo Sal 18, 8-10. 15


R. Los preceptos del Señor alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.

Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. R.

La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.

¡Ojalá sean de tu agrado las palabras de mi boca, y lleguen hasta ti mis pensamientos, Señor, mi Roca y mi redentor! R.


Aleluya          Cf. 2Tim 1, 10

Aleluya. Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia. Aleluya.


Evangelio      Mc 9, 14-29


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Después de la Transfiguración, Jesús, Pedro, Santiago y Juan bajaron del monte. Llegaron donde estaban los otros discípulos y los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo. Él les preguntó: “¿Sobre qué estaban discutiendo?”. Uno de ellos le dijo: “Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron”. “Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo”. Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca. Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que está así?”. “Desde la infancia, le respondió, y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos”. “¡Si puedes...!”, respondió Jesús. “Todo es posible para el que cree”. Inmediatamente el padre del niño exclamó: “Creo, ayúdame porque tengo poca fe”. Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más”. El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: “Está muerto”. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie. Cuando entró a la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”. Él les respondió: “Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración”.

Palabra del Señor.


Comentario

Jesús pudo enfrentar esta terrible situación, tan detalladamente descripta por el evangelista. No lo logró por un “super poder” ni por una suma de rituales o prácticas devotas, sino, como dice el texto, porque era un hombre orante. Algo tan simple y tan diario, ha podido con algo tan duro y amenazante.

Oración sobre las ofrendas         

Al celebrar estos misterios con la debida reverencia, te suplicamos, Señor, que los dones ofrecidos para tu gloria nos obtengan la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Sal 9, 2-3

Proclamaré todas tus maravillas; quiero alegrarme y regocijarme en ti y cantar himnos a tu nombre, Altísimo.


Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, concédenos alcanzar la salvación eterna, cuyo anticipo hemos recibido en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

De la feria. Verde. 
Beata María Ludovica de Angelis, virgen. Blanco.

María Ludovica nació el 24 de octubre de 1880 en San Gregorio, un pueblito de los Abruzzos, Italia. Ingresó como religiosa en la congregación de las Hijas de la Misericordia, fundada por santa María Josefa Rossello, el 14 de noviembre de 1904. Tres años después, llegó a la Argentina, y fue destinada al Hospital de Niños platense. Durante 54 años fue amiga y confidente, consejera y madre, guía y consuelo de cientos de personas de toda condición social en City Bell (Bs. As.). Murió en La Plata en 1962, a los 82 años. Su proceso de beatificación comenzó en 1996. Fue declarada venerable en 2001 y fue beatificada en Roma en el 2004 por san Juan Pablo II. Sus restos descansan en la catedral de La Plata.

Antífona de entrada           Cf. Sal 12, 6

Señor, yo confío en tu misericordia: que mi corazón se alegre porque me salvaste. Cantaré al Señor, porque me ha favorecido.


Oración colecta     

Concédenos, Dios todopoderoso, que, meditando sin cesar las realidades espirituales, llevemos a la práctica, en palabras y obras, cuanto es de tu agrado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.


O bien:            de beata María Ludovica

Padre Santo, tu hija la beata María Ludovica ha gastado su vida continuando el ministerio de misericordia de Cristo, que pasó haciendo el bien; concédenos, al invocar su intercesión que podamos servirte en cada uno de nuestros hermanos necesitados. Por nuestro Señor Jesucristo…

Lectura         Sant 4, 1-10


Lectura de la carta de Santiago.

Hermanos: ¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros? Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra. Ustedes no tienen, porque no piden. O bien, piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones. ¡Corazones adúlteros! ¿No saben acaso que haciéndose amigos del mundo se hacen enemigos de Dios? Porque el que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. No piensen que la Escritura afirma en vano: “El alma que Dios puso en nosotros está llena de deseos envidiosos”. Pero él nos da una gracia más grande todavía, según la palabra de la Escritura que dice: “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes”. Sométanse a Dios; resistan al demonio, y él se alejará de ustedes. Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Que los pecadores purifiquen sus manos; que se santifiquen los que tienen el corazón dividido. Reconozcan su miseria con dolor y con lágrimas. Que la alegría de ustedes se transforme en llanto, y el gozo, en tristeza. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.

Palabra de Dios.


Comentario

El amor al mundo al que se refiere la carta es el amor a la vanidad y la superficialidad, que nos desvían de una vida profunda y comprometida con los hermanos y hermanas. El poder nos seduce, como también la búsqueda de satisfacciones puramente individuales e intrascendentes. Pero Dios nos “da una gracia más grande” para poder resistir y triunfar con su ayuda.


Salmo Sal 54, 7-11a. 23


R. ¡Confía tu suerte al Señor!


¡Quién me diera alas de paloma para volar y descansar! Entonces huiría muy lejos, habitaría en el desierto. Me apuraría a encontrar un refugio contra el viento arrasador y la borrasca. R.

Confunde sus lenguas, Señor, divídelas. Porque no veo más que violencia y discordia en la ciudad, rondando día y noche por sus muros. R.

Confía tu suerte al Señor, y él te sostendrá: nunca permitirá que el justo perezca. R.


Aleluya          Gál 6, 14

Aleluya. Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. Aleluya.


Evangelio      Mc 9, 30-37


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Jesús atravesaba la Galilea junto con sus discípulos y no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará”. Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: “¿De qué hablaban en el camino?”. Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: “El que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”. Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: “El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe no es a mí al que recibe sino a Aquel que me ha enviado”.

Palabra del Señor.


Comentario

Todo el texto de esta lectura parece girar en torno del poder: Jesús, teniendo todo el poder, será ejecutado por un poder humano. Los discípulos, sin entender nada, quieren tener el poder, pero Jesús les habla del servicio y les pone como ejemplo a un niño, que es lo más frágil e impotente de la sociedad. Entre estos polos, caminamos, y chocamos contra estas barreras buscando servir al Señor, pero muchas veces dejándonos vencer por la búsqueda de privilegios y poderes de este mundo.

Oración sobre las ofrendas         

Al celebrar estos misterios con la debida reverencia, te suplicamos, Señor, que los dones ofrecidos para tu gloria nos obtengan la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Sal 9, 2-3

Proclamaré todas tus maravillas; quiero alegrarme y regocijarme en ti y cantar himnos a tu nombre, Altísimo.


Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, concédenos alcanzar la salvación eterna, cuyo anticipo hemos recibido en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles de Ceniza.
Morado.

“El rito simbólico, gesto propio y exclusivo del primer día de Cuaresma, es la imposición de la ceniza. ¿Cuál es su significado más hondo? Ciertamente, no se trata de un mero ritualismo, sino de algo más profundo, que toca nuestro corazón. Nos ayuda a comprender la actualidad de la advertencia del profeta Joel, que recoge la primera lectura, una advertencia que conserva también para nosotros su validez saludable: a los gestos exteriores debe corresponder siempre la sinceridad del alma y la coherencia de las obras” (Benedicto XVI, homilía durante la celebración eucarística del Miércoles de Ceniza en la basílica de Santa Sabina, 1/3/2006).

Ritos iniciales y
Liturgia de la Palabra

Comenzamos hoy el tiempo de Cuaresma, cuarenta días de preparación para nuestra fiesta mayor, la Pascua. Es un tiempo de recogimiento, de peniten­cia. Un tiempo para reconsiderar nuestras vidas y nuestra vocación de cristianos. En la celebración de este día, el celebrante cubrirá nuestra cabeza de cenizas, como un signo penitencial.


Antífona de entrada  Cf. Sab 11, 23-24. 26

Señor, tú eres misericordioso con todos y no aborreces nada de lo que has hecho, cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan y los perdonas, porque tú eres el Señor, nuestro Dios.

Se omite el acto penitencial, ya que en este rito es sustituido por la imposición de la ceniza.


Oración colecta     

Señor nuestro, concédenos iniciar con el santo ayuno cuaresmal un camino de verdadera conversión y de afrontar con la penitencia la lucha contra el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

1ª Lectura    Jl 2, 12-18


Lectura de la profecía de Joel.

Ahora dice el Señor: Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en amor, y se arrepiente de sus amenazas. ¡Quién sabe si él no se volverá atrás y se arrepentirá, y dejará detrás de sí una bendición: la ofrenda y la libación para el Señor, su Dios! ¡Toquen la trompeta en Sión, prescriban un ayuno, convoquen a una reunión solemne, reúnan al pueblo, convoquen a la asamblea, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial! Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, los ministros del Señor, y digan: “¡Perdona, Señor, a tu pueblo, no entregues tu herencia al oprobio, y que las naciones no se burlen de ella! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?”. El Señor se llenó de celos por su tierra y se compadeció de su pueblo.

Palabra de Dios.


Comentario

Si el ayuno no nace desde el corazón, nunca nos servirá como purificador. Como actitud, nos posibilita el verdadero reconocimiento de nuestra fragilidad y necesidad de ser redimidos.


Salmo Sal 50, 3-6a. 12-14. 17


R. ¡Ten piedad, Señor, porque hemos pecado!

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.

Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. R.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga. Abre mis labios, Señor, y mi boca proclamará tu alabanza. R.


2ª Lectura     2Cor 5, 20—6, 2


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: Nosotros somos embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios. A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él. Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque él nos dice en la Escritura: “En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí”. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación.

Palabra de Dios.


Comentario

Dios nos regala tiempos especiales. La liturgia nos irá llevando a un tiempo de recogimiento y reflexión para encontrarnos con la misericordia de Dios, que viene hacia nuestra pobre naturaleza humana.


Versículo      Cf. Sal 94, 8a. 7d

No endurezcan su corazón, sino escuchen la voz del Señor.


Evangelio      Mt 6, 1-6. 16-18


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Palabra del Señor.


Comentario

“En ciertas ocasiones también rogamos a Dios con palabras, de modo que por medio de las cosas que vamos pidiendo nos aconsejemos a nosotros mismos, y nos hagamos notar cuanto pedimos en nuestros deseos, y nos movamos más intensamente a crecer en esto, no sea que por diversas distracciones se enfríe totalmente lo que empezaba a calentar, y extinga del todo sin haber llegado a quemar con fuerza. Así pues, nos son necesarias las palabras, porque por medio de ellas nos enardecemos y conocemos lo que pedimos, y no porque creamos que con ellas habremos de enseñar a Dios, ni le habremos de inclinar a que nos conceda lo que le pedimos” (san Agustín, Ad probam, Epístola 130, 9).

Oración sobre las ofrendas       

Al ofrecerte el sacrificio con el que iniciamos solemnemente la Cuaresma, te pedimos, Señor, que por las obras de penitencia y caridad, dominemos nuestras pasiones y, limpios de pecado, podamos celebrar con fervor la Pasión de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.


Antífona de comunión        Cf. Sal 1, 2-3

El que medita la ley del Señor de día y de noche, da fruto a su debido tiempo.


Oración después de la comunión

Fortalécenos, Señor Dios, con los sacramentos recibidos para que nuestro ayuno sea agradable a tus ojos y cure todos nuestros males. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Oración sobre el pueblo   

Infunde el espíritu de arrepentimiento sobre los que se inclinan ante ti, Dios nuestro, para que merezcan conseguir, por tu misericordia, los premios prometidos a los que hacen penitencia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves después de ceniza.

Morado.

Antífona de entrada  Cf. Sal 54, 17-20. 23

Invoqué al Señor, y él me escuchó; me defendió de los que me atacaban. Confía tu suerte al Señor, y él te sostendrá.


Oración colecta     

Que tu gracia, Señor, inspire y acompañe todas nuestras obras, para que siempre comiencen en ti y en ti terminen. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Deut 30, 15-20


Lectura del libro del Deuteronomio.

Moisés habló al pueblo diciendo: Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella. Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos, yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán. Hoy tomo por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra: yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes, con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob.

Palabra de Dios.


Comentario

Quizás, algún día nos demos cuenta de que la vida de fe es una elección y no una tradición, costumbre o cumplimiento de una suma de preceptos y actos piadosos. Y esto implica comprometer la vida en esta decisión, que incluye, por supuesto, nuevas decisiones; sufrimiento o alegría por lo que se elige; un caminar, muchas veces, dudoso y tortuoso y, otras veces, cargado de luces y seguridades. ¿Qué elegimos?


Salmo Sal 1, 1-4. 6


R. ¡Feliz el que pone su confianza en el Señor!

¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! R.

Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. R.

No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal. R.


Versículo      Mt 4, 17

“Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”, dice el Señor.


Evangelio      Lc 9, 22-25


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Jesús dijo a sus discípulos: “El Hijo del hombre debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”. Después dijo a todos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se arruina a sí mismo?”.

Palabra del Señor.


Comentario

En las palabras de Jesús, hay verbos que sugieren imposición: “síganme”, “niéguense a sí mismo”, “cargue con la cruz”, “venga detrás de mí”. Pero estas “órdenes” son un grito a nuestra conciencia y nos invitan a despertarnos y salir de nuestra fe entumecida o acostumbrada. Hoy podemos, ¡debemos!, responder a esos llamados de atención del Señor.

Oración sobre las ofrendas         

Mira con bondad, Señor, las ofrendas que presentamos sobre tu altar, para que nos consigan tu misericordia y así glorifiquen tu Nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Sal 50, 12

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro y renueva la firmeza de mi espíritu.


Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, te pedimos que la Eucaristía que hemos recibido como don del cielo, nos alcance siempre el perdón y la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes después de ceniza.
Morado.

Antífona de entrada           Sal 29, 11

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor.


Oración colecta     

Dios nuestro, acompaña con tu benevolencia los comienzos de nuestro camino penitencial, para que nuestras prácticas exteriores expresen la sinceridad de nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Is 58, 1-9a


Lectura del libro de Isaías.

Así habla el Señor Dios: ¡Grita a voz en cuello, no te contengas, alza tu voz como una trompeta: denúnciale a mi pueblo su rebeldía y sus pecados a la casa de Jacob! Ellos me consultan día tras día y quieren conocer mis caminos, como lo haría una nación que practica la justicia y no abandona el derecho de su Dios; reclaman de mí sentencias justas, les gusta estar cerca de Dios: “¿Por qué ayunamos y tú no lo ves, nos afligimos y tú no lo reconoces?”. Porque ustedes, el mismo día en que ayunan, se ocupan de negocios y maltratan a su servidumbre. Ayunan para entregarse a pleitos y querellas y para golpear perversamente con el puño. No ayunen como en esos días, si quieren hacer oír su voz en las alturas. ¿Es este acaso el ayuno que yo amo, el día en que el hombre se aflige a sí mismo? Doblar la cabeza como un junco, tenderse sobre el cilicio y la ceniza: ¿a eso lo llamas ayuno y día aceptable al Señor? Este es el ayuno que yo amo –oráculo del Señor–: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne. Entonces despuntará tu luz como la aurora, y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia, y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: “¡Aquí estoy!”.

Palabra de Dios.


Comentario

¿Cómo ayunamos? ¿Cómo rezamos? O mejor, ¿somos capaces de resistir con nuestra fe las llamadas que este mundo nos hace para tener poder, vivir en forma individualista o desentendernos de los hermanos y hermanas?


Salmo Sal 50, 3-6a. 18-19


R. ¡Tú no desprecias un corazón contrito, Señor!


¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.

Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. R.

Los sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas: mi sacrificio es un espíritu contrito, tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.


Versículo      Cf. Am 5, 14

Busquen el bien y no el mal, para que tengan vida, y así el Señor estará con ustedes.


Evangelio      Mt 9, 14-15


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan Bautista y le dijeron: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho mientras que tus discípulos no ayunan?”. Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán”.

Palabra del Señor.


Comentario

“Jesús les responde que los actos penitenciales no tenían lugar después de la venida del Mesías. Querer mantenerlos es como estar de duelo durante una boda [...]. Los pecados fueron perdonados gratuitamente, el Esposo está presente y sus discípulos están en la fiesta de bodas. Solo tendrán que ayunar aquellos a quienes se les ha quitado el Esposo” (Luis H. Rivas, El Evangelio de Mateo, Ágape Libros).

Oración sobre las ofrendas

Te ofrecemos, Señor, el sacrificio de nuestra observancia cuaresmal; que él nos haga más gratos a tus ojos y más generosos en la práctica de la penitencia. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Sal 24, 4

Muéstranos, Señor, tus caminos; enséñanos tus senderos.


Oración después de la comunión

Te pedimos, Dios todopoderoso, que la participación en tus misterios nos purifique de todo pecado y nos disponga a recibir los dones de tu bondad. Por Jesucristo, nuestro Señor.