Publicado en: En diálogo

Luis Landriscina / Humorista.

LUIS LANDRISCINA / HUMORISTA

"Soy uno de los pocos humoristas que no tiene apuro para hacer reír"

Por Jorge A. Blanco

Podría decirse que Don Luis Landriscina es un hombre multifacético, ya que a su reconocida labor como humorista, debemos agregarle que también hizo televisión, radio, cine, teatro, discos, música, libros y hasta practicó automovilismo, sin olvidar que cuenta con un Doctorado Honoris Causa —otorgado por la Universidad Nacional del Nordeste—, entre otras importantes distinciones. Pero también hay que destacar que es un hombre reflexivo y que le gusta hablar siempre “en serio”, aun cuando hace humor y reconoce las diferentes razones que lo distinguen e identifican:

LL/: —En la edición del Festival de Cosquín del año 1964, integré la delegación que representaba a la provincia del Chaco, y allí fui premiado como cuentista y recitador; a partir de esa fecha, durante muchos años volví al mismo escenario. Además, tuve el honor de recibir el Camín Cosquín de Oro, máximo galardón que ese Festival otorga a los artistas populares nacionales. Creo que premiaban el estilo distinto, la distinción por la cual yo me ocupaba y me ocupo de describir en detalle todos los elementos que participan de la construcción de un “cuento” y que lo distancian del “chiste“, que, esencialmente, es algo más breve y desvinculado de la narración con historia. Mientras que la “broma” ocurre entre dos personas que se conocen y con capacidad de tolerancia para soportar algo elaborado, para que se rían los amigos a costa de él.

√ —Don Luis, algunos meses atrás, participó en el popular programa televisivo de Mirtha Legrand, y una propuesta suya dejó sin palabras tanto a los invitados como a la conductora, a la vez que tuvo una destacada repercusión en los medios de comunicación y en las redes sociales…

LL/: —Sí, porque me referí a los políticos y, particularmente, a quienes se postularon como candidatos a diputados y senadores…

√— ¿Y por qué cree que esa proposición ha tenido y sigue teniendo tanta repercusión a pesar del paso del tiempo?

LL/: —Porque la realidad es que hay gente que no ha terminado el colegio secundario y son diputados. Quizá, tengan demasiado “vuelo” porque representan una ideología, o lo que sea… pero yo no los escucho nombrar la palabra patria. Entonces, creo que ellos deberían ver la posibilidad de hacer un curso, por ejemplo, de seis meses, de historia, de rigor histórico. Y que haya cuatro profesores universitarios que les tomen examen y los califiquen para discernir y ver si, verdaderamente, pueden representar a la región de donde dicen venir. Porque lo primero que tienen que saber es qué pasó en su provincia… qué anduvo ocurriendo: si es tucumano, por ejemplo, ¿cómo no va a saber sobre la Batalla de Tucumán o sobre la Batalla de Salta… y quién fue el gestor de eso? Como también qué fue el Éxodo Jujeño. Lo que es hoy la patria se construyó con mucha sangre de gente anónima. Pero hay muchos con nombre y apellido. Manuel Belgrano es uno de ellos, José de San Martín es otro, Lamadrid… pero hay infinidad de gente, como los que defendieron en La Vuelta de Obligado” la dignidad de las cosas de nuestro territorio. O sea que vayan a cumplir su labor con conocimiento y otros valores; que asuman esa actitud que me hizo tan amigo del Dr. René Favaloro: “que les duela la patria”. Que les duela la patria y que sepan que gozan del honor de ser diputados o senadores de la Nación. Por eso, también en un programa de Mirtha Legrand del año pasado, me referí a “honorable”: que trabajan “ad honorem” porque es precisamente un honor serlo, y a la patria no se le cobra. Claro que, en esos casos, al venir de sus provincias, los políticos deben asegurarse el pago de sus viáticos porque abandonan sus actividades para venir a Buenos Aires a cumplir otras tareas, y su familia tiene que seguir comiendo. Pero que no haya derecho a jubilaciones de privilegio, con tan solo dos o cuatro años de servicio, cuando todavía hay gente que se ha “gastado” toda la vida trabajando y aún no ha podido llegar a redondear su propia jubilación mínima.

√ —Usted es un hombre que ha tenido la capacidad de unir a los argentinos, precisamente, a través de valores como la pluralidad y la diversidad. ¿Cómo se siente hoy que se habla tanto de grietas y divisiones en nuestra sociedad?

LL/:—Me duele mucho porque creo que se puede disentir y no agredir a otro, que es lo que veo y he visto hasta en las sesiones del Congreso: agrediéndose unos a otros y hablando de su partido, pero no del país. Ni de los problemas del país…. “¡Porque usted, en el año tal, dijo tal cosa…!”. ¡Pará, eso ya fue!, como dice mi amigo Pepe Mujica (N. de la R.: político y expresidente del Uruguay)… Yo necesito un futuro y necesito un futuro en paz. Hay que aprender de esa gente, que es más inteligente que nosotros, con más conocimiento.

√—Otra característica suya digna de destacar es que, a lo largo de una trayectoria tan fructífera, demostró que para hacer humor no se necesitan ni la agresividad ni la provocación, ni mucho menos las malas palabras ni los “golpes bajos”…

LL/: —No, no… jamás. No me lo permito porque a mí me disgusta el mal gusto.

√ —Algo bastante usual y característico, sobre todo, en la televisión actual…

LL/: —Claro, porque a veces parece que agarran campañas o una suerte de competencia para ver quién dice o se atreve a la “guasada” más grande. Así se pierde de vista a quien está dirigido eso y el horario. Y como después se viraliza, porque lo dijo fulano o mengano, lo repiten los demás. Pero la fama de esta manera no es buena porque no agrega prestigio.

√ —¿Es por eso que no le gusta que lo llamen “capocómico”, como sucede con otros humoristas?

LL/: —No… no, yo soy un narrador de usos y costumbres. Para esto, tenés que estudiar cómo es tu país. Por eso, cuando yo cuento cuentos cuyanos, les digo: “Miren, yo no sé imitarlos bien a ustedes”… porque, al hacerlo, hay una gran posibilidad de pasarse para el lado de Chile, lo cual a los cuyanos nos les cae para nada bien… Entonces, yo les voy a contar como Landriscina la historia que sucedió en Mendoza…

√— Dentro de sus múltiples actuaciones y espectáculos, no podemos dejar de recordar aquellas inolvidables presentaciones en sociedad con el querido monje benedictino Mamerto Menapace. Recuerdo que una de ellas se tituló La familia y el humor son cosa seria. Realmente, ¿cree que es así? El humor, ¿es algo serio?

LL/:— ¡Sí, señor! Además, está comprobado científicamente que el humor agrega endorfinas nuevas, que le sirven a la gente para superar los problemas que les genera una enfermedad, por ejemplo. Algunas universidades importantes de los Estados Unidos realizaron estudios en donde pusieron a gente que atravesaba enfermedades terminales a reírse todo el día y a gente con la misma enfermedad sin este auxilio. Precisamente, en ese sector con humor, hubo personas que revirtieron la gravedad de su drama.

√— Es decir que, además de ser algo serio, también el humor cura y sana…

LL/:— Sí, cura. Yo tengo una anécdota que suelo contar y que viví en una oportunidad en Mar del Plata. Cuando me iba a despedir del show, quise saludar a un maestro rural que estaba ocasionalmente en el teatro aquella noche y que había sido intendente de la localidad de Merlo, provincia de San Luis. Entonces, pedí que prendieran las luces de la sala porque… “aquí adelante no hay ningún artista, sino un maestro rural que fue intendente de Merlo, San Luis, pero yo, en realidad, quiero saludar al maestro rural que conocí en el Chaco”. Al prenderse las luces, en la tercera fila, una señora se puso de pie y expresó en voz alta: “Señor Landriscina, ya que se han prendido las luces y todos me ven, ¿puedo decir algo?”. Te aseguro que, por un segundo, sentí la incertidumbre de lo que anunciaría esa señora al auditorio, pero bueno, igualmente le respondí que sí, que lo dijera nomás. Entonces que la señora afirmó: “Quiero que sepa que, hace diez años, me diagnosticaron solo dos meses de vida, y mis hijas, para hacer más llevadera mi agonía, compraron toda la colección de sus casetes, los cuales escuché y escuché. Por eso, ¡le vengo a agradecer diez años de mi vida!”.

√ —¡Qué momento tan conmovedor! ¿Cómo reacciono usted ante semejante testimonio?

LL/: —Le respondí: “Bueno… yo soy el intermediario de lo que la ha curado a usted: el humor. Pero soy solo eso, el intermediario, porque fue Dios quien me dio el don. Pero lo que la curó fue el humor”.

√ —Agradeciendo su atención, le hago la última pregunta referida a su trayectoria, no quisiera denominarla “carrera” porque su forma de ser y su parsimonia habitual demuestran que no le gusta correr o andar apurado…

LL/: —Sí, claro, yo soy uno de los pocos humoristas que no tiene apuro para hacer reír, digo…

√ —Si mira para atrás y se remonta a sus comienzos, ¿qué recuerdos y convicciones vienen a su memoria?

LL/: —Yo siempre, en primer lugar, les agradezco a las maestras que he tenido, que reconocieron en mí el don de la gracia, que, en realidad, es regalo de Dios. Solían contarse entre sí unas a otras: “A Luisito usalo porque es capaz de contarse un verso delante del peor público, que son sus propios compañeros”. Así nacieron e iban las cosas. Después pasé a ser el que contaba los cuentos en un conjunto musical que se llamaba Los Cardenales. Luego en Los Cantores de Chaco y Monte. Por eso, me eligieron el gobernador del Chaco, el amigo Felipe Bittel, el intendente de mi pueblo, don Julio Lorenzo, y Adán Pedrini, el ministro de salud pública que era médico y padrino de mi casamiento, para que integrara aquella famosa delegación que viajó al festival de Cosquín en 1964; allí me entregaron el premio “Revelación” como cuentista y recitador; a pesar de que la delegación era de Resistencia, la ciudad capital del Chaco, y yo era de otro pueblo, de Colonia Baranda. Sin embargo, me incluyeron en aquella delegación a mí, a Jovita Díaz y a Marcial Suarez. Así que en el Festival de Cosquín el país empezó a saber que yo existía”.