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Domingo 12º durante el año (23 de junio)
“¿POR QUÉ TIENEN MIEDO? ¿CÓMO NO TIENEN FE?”

Miércoles 19 de Junio de 2024

P. Fredy Peña Tobar, ssp

El domingo pasado reflexionamos acerca de la fuerza y el dinamismo del reino de Dios, expresado en las parábolas. Ahora, el evangelio propone el milagro de Jesús al calmar las aguas y controlar la tempestad. Sin duda, que Jesús se hace partícipe de la travesía, llena de peligros y conflictos. Toda la escena tiene carácter simbólico y catequético, puesto que permite buscar, descubrir y superar los conflictos que dificultan o tratan de sofocar el peregrinar de la comunidad, como también la vida de fe y su libertad.

En medio de la tempestad, los discípulos tienen la impresión de que Jesús es ajeno a sus dramas o dificultades: “‘¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?’”. Es un poco la sensación de los que no creen firmemente en la fuerza que llevan consigo en la barca. Si bien Jesús no es indiferente a la situación apremiante de sus discípulos, como a ninguno que aún conserva su fe, calma y ordena al mar: “‘¡Silencio! ¡Cállate!’”. Es decir, el Señor tiene el poder de reducir, frenar y romper todo aquello que no contribuye al equilibrio, paz y armonía en la comunidad creyente.

Por eso, el problema no está en pedir a Dios y hacerlo parte de las dificultades, sino en verlo como un “mago” que soluciona todo y al cual los creyentes deben aferrarse, como condición sine qua non para resolver con éxito los momentos difíciles o de crisis. ¡Cuántas veces sentimos que ya no podemos más! Pero Él está a nuestro lado, con la mano tendida y el corazón abierto. A veces, nos parece que nuestra Iglesia naufraga en la tempestad del mundo; pero cada vez que los hombres dudamos, se alza una voz que parece despertar de un largo sueño: ¡No temas, porque yo estoy contigo! (Is, 41, 10). Cristo no es indolente a lo que nos pasa, al contrario, él duerme junto al timón, para que cuando la fe desfallece y naufraga, tome el timón de nuestra vida